¿Y AHORA QUIÉN PODRÁ DEFENDERME?

Somos todos seres humanos más allá del uniforme que tengamos, de la función que nos acucie dentro de la división social del trabajo, o de la clase social a la que pertenezcamos. Es cierto eso, pero no es menos cierto que existen investiduras que sería bueno re-pensar, para dimensionar la ética profesional que las conllevan. La policía, es una de las instituciones con la investidura más venida a menos actualmente, aunque muchas otras no le lleven demasiada ventaja; podríamos estar hablando del orgullo que significa servir a la sociedad con semejante oficio, pero en cuenta de eso tenemos que hablar de lo cómodo que es abusar del poder, incurrir en coimas, contribuir desde adentro al tráfico de mercancías criminalizadas, o en el mejor de los casos, tener un sueldo seguro con aportes vistiéndose de azul pero sin conciencia vocacional de cumplir una tarea ciudadana.

Obligados por esa investidura abarrotada que poco tiene de ética profesional, hoy exponemos un caso sucedido el pasado domingo en barrio Bancario, zona sur de la ciudad de Salta, que tuvo poca rimbombancia en los medios hegemónicos de prensa. No estoy queriendo decir nada con eso, no no, seguramente se les pasó por alto; desde aquí les ayudamos a remendar el error y los invitamos a levantar la info para hacer circular diversidad de realidades en las agendas mediáticas.

Imagen gentileza de "quepasasalta.com.ar"

Imagen gentileza de “quepasasalta.com.ar”

Decía que hablamos de un accidente automovilístico sucedido la tarde del domingo en calles Horneros y Golondrinas, en el que una camioneta blanca 4×4 atropelló a un transeúnte, que caminaba con otro muchacho,  arrastrándolo unos 40 metros. El vehículo, como podrán sospechar suspicaces lectores, estaba integrado por personal policial, la jefa de Prensa, otra oficial de rango raso y el oficial Aramayo. Continuando con su suspicacia simios, también supondrán que la camioneta intentó darse a la fuga, y que se encontraron bebidas alcohólicas adentro del móvil; pues no se equivocan lectores, así fue como lo denunciaron los testigos de la zona que interceptaron la camioneta impidiéndole la escapada.

Pero las peripecias policiales no terminan allí, y aunque esto parezca una sátira en realidad es la forma más literaria de expresar la indignación que estoy encontrando. Ni bien intervenidos por la “pueblada”, la camioneta frena su paso con la tranquilidad de ya haber dado aviso a sus compañeros que no demoran en llegar, apersonándose en el lugar alrededor de 20 policías uniformados, según cuentan los testigos. No contenta con todo el rejunte de delitos que venimos enumerando cronológicamente, la fuerza policial arremetió de nuevo hacia la ilegalidad (vaya paradoja) e intentó secuestrar los celulares de los particulares que filmaban los hechos, y prohibió que lo continuaran haciendo.

“La Jefa de Policía sacó rápidamente bebidas alcohólicas de la camioneta y las guardó en un móvil. El Oficial Aramayo que conducía estaba alcoholizado y coqueando. Estaba vestido de civil, pero la Jefa de Prensa con el uniforme”, decía Pablo el amigo de la víctima en declaraciones a una FM local al tiempo que agregaba: “cuando nosotros estábamos grabando, la policía empujó y nos quiso sacar el celular, 20 policías actuaron en todo esto. Realizamos la denuncia porque encima quisieron fugarse después de chocar a mi amigo. La camioneta que manejaban era una 4 X 4, color blanca”.

Lo grave del caso es que además de que no deben haber percibido la sanción que merecen, tampoco han percibido el repudio público que les compete por tantos actos de des-humanidad seguidos, adrede y a plena conciencia. Eso por una complicidad extrema de los medios de comunicación hegemónicos que no dieron cuenta en la opinión pública de la poca ética profesional que tienen policías del tipo (que penosamente son la mayoría). Así las cosas, la policía no protege, vigila para negociar; así las cosas la policía no asiste a las necesidades sociales, más bien las genera; así las cosas la investidura institucional sigue de guatemala a guatepeor.

Por fortuna, entre tanta nubosidad, siempre hay un sol que no desampara de fotosíntesis a la vida vegetal; además, por esa misma fortuna, pueden sacar las flores pero las raíces provocaran nuevas plantas. Sigamos remontando vuelo, sigamos creyendo que un modelo de sociedad distinta es posible, unidos y fortalecidos, como esos vecinos de barrio bancario que se unieron en solidaridad desinteresada para que esa camioneta no pueda huir a su madriguera…

ZIPPO

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HACERSE CULTO

Según cuentan en el año 1592 llegaron a las costas de América las primeras naves europeas durante la historia de la humanidad. Dos notas rescataremos de este hecho: el viajar, y los choques entre culturas.

Cómo bien relatan los viejos libros, cada vez mejor impresos con láminas a colores y dibujos para los más pequeños, que resguardan los estantes de nuestros establecimientos educativos, los muchachos de barba blanca y absurdas armaduras en el Caribe, pues hace calor y tal vez la gente no esté pensando de antemano en matar y destruir; llegaron armados hasta los dientes, con cruces y espadas y arcabuces color estaño;  y ante una inmensa voluptuosidad vegetal amablemente respetada, se dieron de frente con los nativos del lugar, o los cultos del lugar. Pieles trigueñas, relucientes en sol y frescas al agua de mar, con algunos accesorios de caza o pesca tal vez, pero con lo indispensable para vivir tranquilos; nada de pecados y penas, nada de cargos imaginarios. Seguramente algún cacique inscripto en la ideología paternalista llevaban estos primeros nativos, que fueron parte del primer encontronazo cultural de dos partes del mundo. Sin embargo no habrán concebido el estarse armados todo el tiempo, eso lo dejaban para quienes se andaban sin respetar aquello de “no hagas lo que no deseas que te hagan”; o porqué ese viejo dicho de que dónde hay guerra hay amor; entonces, quienes se estaban listos para atacar, estaban esperándolo, y sólo puede esperarlo quién haya atacado alguna vez y, tomándole el gusto, se anda por ahí sembrando discordia, peleando por tener algo más, siquiera peleando por los dioses sino más bien valiéndose de ellos descaradamente para que pobres idiotas se acuchillen y se disparen.

 Estos hombres no entendían lo que se hallaba ante ellos, el paredón vegetal resguardado por esos hombres de piel más oscura, siquiera negra del todo como algunos moros que venían descendiendo del salvaje áfrica; era para ellos una imagen, una energía, un vibrato de tales dimensiones, porque recuérdese que estaban ante lo que ahora llamamos América, que quisiesen sus cabezas o no era más imponente que hasta el mismo dios que alababan vivazmente. Entonces temieron pues sus convicciones e ideales, que se valían de la aventura y del respetar un orden sí o sí para sobrevivir y llegar a un lugar dónde sobrevivir sea más realista, temblaron cuando no encontraron asidero espiritual ni en el dios más dios de todos; parecía de absurdo ese cura con su cruz y su charlatanería incesante y con más temor que ninguno, si ese lejano árbol se mueve y levanta su brazo hasta llegar aquí, o si este mar tan sólo voltea la chalupa miserable ese cura será un ridículo aglutinado de carne putrefacta que devorarán algunos peces en unos días; me convence la idea de que se cagaron en las armaduras, sus costumbres más radicales, más llenas de glamour, las idiotas decisiones de la crema europea, se vieron tan grotescas ante la vida despedida por el mar y la selva, y aquellos viejos hermanos nuestros, que decidieron, por temor ante lo desconocido, reventarlo hasta más no poder.

Léase “Las venas abiertas de América Latina”, de Eduardo Galeano; comprable en cualquier librería, o descargable en algunas páginas de la web.

Ó del mismo autor: Memorias del Fuego, sus tres partes, “Los nacimientos”, “El siglo                                                                                               “, “Las caras y las máscaras”, conseguibles también en los mismos lugares arriba nombrados.

Creo que resumo tanto el lugar que ocupo en el mundo, cómo el que ocupa el posible lector modelos de estas líneas; somos hermanos y somos latinoamericanos, y tal vez empecemos a concebirnos cómo supra tátara nietos de la conquista; así como algunas son madres de desaparecidos, otros son desaparecidos, otros son desaparecedores, y otros son del otro barrio, o de la casa de al lado, o de cuatro esquinas antes de la parada, o del semáforo; todos nosotros somos latinoamericanos, y el hecho de que haya desaparecidos está relacionado con esa antigua, tradicional e incuestionable historia que nos resumen cómo algo que se superó con la constitución de las naciones-estado; viejo chamuyo chapado a la europea, que vivos o engañados, compraron algunos personajes de la historia oficial. Hay otras historias, averiguad sobre el EZLN, o el MOCASE, sus concepciones de lo que se debe respetar, lo que se debe cuidar y anhelar, lo que vale la pena en este plano; distan mucho de las irrespetuosas concepciones eurocéntricas, pero emanan de sus funciones atisbos de una relación humana íntimamente cohesionada con la memoria y el respeto hacía la naturaleza.

De aquí quiero partir, de esa base, para explicar cuál es la importancia que intuyo al proceso de viajar  y al de, evidentemente en consonancia, ser parte de un choque cultural. Para comprender viajar, por favor no se piense el ir de un hotel a otro, y tal vez salir a caminar por las calles más céntricas, y comprar unos refrescos y hacerse unas fotos y tratar de no hablar  con nadie que aparente ser del lugar, no; véase el hecho de viajar cómo la búsqueda, tranquilamente aplicable durante la cotidianeidad, de hechos que conlleven a la reflexión inmediata sobre nuestros códigos utilizados, sobre el procesamiento del espacio y el tiempo, el uso de nuestras herramientas tecnológicas, la música buscada, la última decisión, etc. Tal vez cuando se traslada uno de su tierra de origen a una ciudad desconocida, o a un pueblo, puede toparse con rupturas en sus códigos cotidianos tales que lo hacen dudar, y lo llevan a preguntarse. Por ejemplo, esto de pensar el viajar cómo algo aplicable a la cotidianeidad ensimismada en un mismo lugar físico, “mi barrio, mi ciudad”, es posible ya que si adoptamos una actitud de total indiferencia ante las marcas arraigadas por el modo de vida hegemónico andaremos por la vida topándonos, tal vez no todos los días pero sí muy a menudo, con tipas y tipos cuyas vidas se alejan muchísimo de las nuestras; pero es en serio, porqué muchos dicen entender aquello de que todos somos diferentes, pero viven mentidos en una burbuja dónde su círculo de relaciones hacen más o menos siempre lo mismo, desde ir al mismo boliche a trabajar en los mismos aparatos burocráticos; si nuestra aptitud es escuchar y conocer, pues cómo dice un viejo amigo -Quién busca encuentra, seremos humanos sedientos de curiosidad y entusiasmo, siempre tras de algo nuevo ,algo que venga a poner expresión a nuestras tramas.

Así le sucede a muchos argentos que caen a la frontera boliviano argentina algo desorientados; tal vez el ejemplo resulte un poco tibio y algo para nada rebuscado, pero en fin es un buen momento a invitar a participar con algún ejemplo si se copan; pues bien, estos argentos tienen sed, desesperan, los tamales que acaban de masticar y tragar provocan una total indiferencia de las glándulas salivatorias para con sus funciones y así el gusto dulzón del néctar de los panales metropolitanos y rurales, el sabor de la coca-cola y el deseo paralelo por la misma, se hace presente; el más atrevido de todos los argentos, o sea el menos cansado en este ejemplo particular, se levanta y camina hasta el kiosko más cercano; creo que todos imaginan lo que vendrá, que la coca-cola viene casi siempre, a menos que se busque, al tiempo en Bolivia, no viene fresca; no, los argentinos están aún muy despistados; en el kiosko no aceptan pesos argentinos, por suerte es zona de frontera y existen muchas casas de cambio; la sed podrá resolverse. Este ejemplo resulta muy sencillo, pero en él se entiende a que me refiero con provocarse reflexiones y cuestionamientos, y que es posible encontrarlo en lo cotidiano, pues si los argentinos se quedan a vivir en Bolivia deberán sí o sí acostumbrarse a manejarse en pesos bolivianos, a precios bolivianos; y todo es en un marco de cotidianeidad, pero alejado del lugar de origen. Entonces cuando vivimos pensando en que tal vez estamos viajando y podemos enriquecernos con cualquier momento que estemos dispuestos a compartir, seremos tipos o tipas cultas, auténticos nativos de cada instante que atravesemos. 

 

Mustafá, de la Isla


¿EL TIEMPO ES ORO?

–          Buen día doña María, ¿cómo le va?

–          Bien bien, ¿qué vas a llevar?

–          Y..estoy queriendo hacer una ensaladita de fruta así que voy a ver de llevar variadito.

(Prosigue la acción de compra unos minutos más, hasta que doña María, con tono quejoso y determinante finaliza el dialogo antes de concretar el hecho comercial)

–          Y bueno chango, anda a comprar primero la gaseosa y cuando sepás bien cuanta plata te sobra, vení y compra la fruta.  

Así nomas medio zumbando me sacó doña María de su verdulería, que vale decir, se caracteriza por la calidad de sus frutas; es garantía de peras jugosas, zandías caladas por la maduración de sus semillas, melones con los polos a punto caramelo, naranjas con fibras en extremo dulces. Imaginaran mi astucia de saber cuando una batalla está perdida, no esperé que la mujer de rasgos colombinos saque el rebenque o se crispe más para salirme cabizbajo a responder su mandato final.

Entré con 20 pesos y un envase de gaseosa a su comercio, le dije que me pese tres peras, dos manzanas y un durazno. La suma daba 12 pesos, 8 en pera solamente; ignorante, como soy sobre algunos pormenores del consumo cotidiano, le consulto a doña María si me alcanza para comprar con los potenciales 8 pesos de cambio la gaseosa que el envase vacío estaba emulando.  Ella me dice que supone que no, que en realidad esa gaseosa sale 9 o 10 pesos. Le retruco, para no tener que volver a su negocio otra vez, que me cambié una pera por una manzana y un durazno más, y me cobré 11. La ecuación que prescindía del medio de cambio dinero, atolondró a la doñita que reaccionó contrayéndose y sentenciando que me vaya y vuelva con la plata que iba a gastar si es  que quería comprar. Luego de comprar la gaseosa, que sólo me costó 8, regresé a lo de doña María, y aunque podía llevar los 12 pesos originales de compra, opté por pedirle el cambio que le había ofrecido. Pesaje mediante, las ahora dos peras, mas las tres manzanas y los dos duraznos resultaban 10 pesos con 50 centavos; es decir, si ella hubiese aceptado la oferta que prescindía del dinero para intercambiar, salía ganándome 50 centavos. Pero como no lo quiso así, debió darme un damasco además.

Más allá de la peripecia entre frutas, centavos y diálogos comerciales, lo llamativo para mí fue la reacción de la señora ante la propuesta de no utilizar el dinero como parámetro de intercambio. Fue como si ella se hubiese asustado, desequilibrado; la costumbre la hizo tambalear y hasta casi que creer que yo estaba abusando de alguna especie de súper dote mio para la matemática doméstica.

Imagen de "cabeza de billete", un viejo amigo de Juan Neoliberalismo.

Imagen de “cabeza de billete”, un viejo amigo de Juan Neoliberalismo.

Eso es una muestra clara del “fetichismo” de la mercancía de Marx, de cómo el esfuerzo humano invertido en un proceso productivo, es invisibilizado por el dinero, como si no habría tiempo ni acciones en el trabajo, sino sólo valores económicos mediando las relaciones sociales. En este caso no es que quiera sugerir que las acciones o el tiempo sean los mejores parámetros de medición entre las relaciones sociales de producción, pero al menos son más naturales que el efecto de pensar toda relación de intercambio en signo peso, o sus derivaciones de contraseñas de cuentas bancarias o cheques fechados. El problema radica en que se naturaliza esa percepción cosificada de las relaciones, como si fuese algo completamente biológico, lo cual altera profundamente los lazos humanos de igualdad, fraternidad y justicia, que contradictoriamente sostenían ideológicamente a la revolución burguesa de Francia. Remarcado esto ultimo hasta el hartazgo, como una estafa ideológica que la educación formal nos hace en toda la etapa primaria y media, de pre-grado.

Espero que esto sirva para alertar del miedo a confiar en el otro ser humano que estamos teniendo. De lo seguro que nos hace sentir el tesoro particular, el patrimonio, la racionalización y el cálculo; la lógica de Smith sobre la riqueza de las naciones, en esta post-modernidad adopta su curso individualista, con lo cual las reservas nacionales para el sostén macro-económico, se traslucen en las unidades domesticas micro-económicas que intiman con sus finanzas, pero no conversan con sus vecinos. La mayoría de las veces no sabemos quien tenemos al frente, pero sabemos, o creemos saber estimar, la valía económica de lo que hace; a veces hasta creemos poder calcular las pérdidas que otros tienen por lo que no hacen, y nosotros creemos que podrían hacer para tener más.

Como me dijo un amigo interplanetario, que no nos roben el alma…..

ZIPPO

 

 


¡PERO SI ESTAMOS TODOS LOCOS!

Mi estimado lector/a como usted sabrá la credibilidad es una de las banderas que se esgrimen a favor de tener cierta ética de verosimilitud entre los que funcionamos como productores de relatos sociales a través de medios de difusión. Por eso, y sin prescindir de un centímetro de ética, es que empiezo aclarando que lo que decodificará a continuación no tiene ninguna garantía de ser  cierto, ni real, ni verdadero, pero puede ser muy instructivo si se tiene alguna especie de obsesión con las patologías neurológicas de las mentes humanas, o si se ha pensado alguna vez en qué es lo que nos hace “actores” sociales.

Seguidamente tendrá ocasión de encontrarse con la reproducción de un texto de una muchacha en el que habla sobre sus actuaciones sociales en la esfera de relaciones culturales dentro de grupos de pertenencia. Llegó a mis manos hace dos noches, cuando luego de ser abducido por una sartencilla voladora (OVNI) que me dejó a tres cuadras de mi casa previniendo quedarse sin combustible y no poder salir de la vía láctea. Mientras caminaba rápido sin prestar mucha atención a mi alrededor por la llovizna que me daba en las pestañas y me obligaba a bajar la testa, un ser de no más de metro y medio y rasgos similares a los del popular Alf se interpuso en mi camino interrumpiendo inexorablemente mi paso; como la noche ya no daba sustos, atiné a quedarme quieto observando, él extendió una de sus extremidades inferiores, con una elasticidad humanamente imposible, y me entregó un papel diciendo: “el agua no moja, hidrata; el aire no sopla, oxigena; el fuego no quema, ilumina y la tierra no ensucia, alberga raíces. No dejes que te roben el alma”.

Hasta ahora no encontré el punto de conexión entre esa frase y lo que el papel, escrito por la joven, dice.  Por eso tomé la determinación de compartirlo públicamente, tal vez así otros tengan la lucidez de inferir aquel mensaje que a mi me viene siendo esquivo. Desdoblado el papel se lee lo siguiente, en una letra de carta redondeada y crecida que ocupa más de la mitad del espacio que cede cada renglón hasta llegar a su próximo:

Sí es cierto que a veces soy una damita calmada, que prácticamente pasa por sumisa, no levanta mucho la mirada y sonríe con timidez cuando le hacen un pregunta. No es menos cierto, que otras tantas veces, soy el centro de atención, no paro un segundo de hablar y hacer morisquetas, absorbo las miradas y soy el ‘hazme reír’ de las reuniones. Es verdad que ocasionalmente me sensibilizo por todo y tengo la lágrima fácil sin distinguir lugar ni contextos; sin embargo también hay momentos en que la frialdad se apodera de mí y nada pareciera ser lo suficientemente importante como para afectarme. Soy seductora y sensual por ratos, pero también soy desalineada y repugnante en otros. Es absolutamente real que tengo dos personalidades bien definidas entre quienes ahora me frecuentan, y hasta opté por bautizarlas a cada una con su propio nombre, además de con sus respectivos tip’s. Pero aunque el límite es finito, no soy bipolar, sé muy bien lo que hago.

Todo empezó hace cinco años, cuando llegué a este lugar remoto del mundo, donde nadie me conocía de antemano, en donde no tenia una reputación ni imaginarios sociales sobre mi. Migré de mis pagos luego del accidente automovilístico que me privó de mi familia; reconocerme sola, y observada por todo un entorno social con cierta lástima o pena, me acomplejó mucho y me llevó al completo aislamiento y ermitañismo; no quería salir de mi morada, no quería cruzarme con nadie, muchos menos intercambiar miradas o palabras, hasta los saludos me pesaban. La soledad se hizo carne en mí, y mi refugio fue la lectura incalculable de libros.

Pasadas las semanas, aunque la fobia social no perdía vigencia, tuve la fortaleza de interesarme por las relaciones humanas en sociedad, los estudios que había al respecto. Supongo que creía que de esa forma iba a poder auto-ayudarme a re-insertarme en lo que pare mi hasta ese momento era “el mundo”, traducido eso, como mi entorno social. Entre una lectura indagatoria y otra, llegué a estudiar la psiquis humana, con sus desvaríos y trastornos, fue allí cuando comprendí eso de ser un ser social, formado por lo que uno es, lo que uno cree que es, lo que los demás creen que eres, lo que los demás dicen creer que eres, y lo que uno quiere ser. Entendí que el plano de relaciones humanas culturales, es anti-natural, es construido como un escenario de actuaciones fluctuantes entre personalidades, que sólo en honrosas ocasiones se convierten en relaciones humanas naturales.

Así fue como, arrebatada mi vida sentimental por el profundo dolor de la soledad, me decidí a manipular “el mundo”, a re-construir mi “yo social”, mi personalidad, de tal forma que me sienta protegida de que los demás perciban mis lecturas “coherentes” sobre la vida diaria. Pero claro, ello sería casi que aburrido y sospechoso para los que ya me conocían, sobretodo por mis débiles aptitudes actorales. Por eso decidí venirme a este lugar, lejano, donde nadie podría de ninguna manera saber nada sobre mi pasado.

Claro que antes de la partida preparé bien mis personalidades, le di matices a cada una, muletillas verbales y hasta estigmas motrices que los diferencien. En otras palabras, compuse a conciencia mi bipolaridad, volví a nacer como ser cultural, como persona, aunque mi ciclo biológico-humano continuaba sin alteración. Ahora soy conocida como la “loquita” que no causa daños graves, que no por demente es mala, y con la que hasta puede sostenerse conversaciones insignificantes con relativo sentido.

Ha dos lustros de llevar este secreto en un rincón recóndito de mi mente hay algo de lo que estoy tan seguro como de que no soy bipolar, y es que sí estoy demente. Por eso tomé la decisión de escribir este tramo, para que otros no dejen que sus personajes le roben su humanidad y terminen por afanarles el equilibrio.

Sin más, semblantes.

 Si algún simio consigue establecer ese puente de sentido que necesitamos establecer con claridad y dinámica entre el mensaje del ser sobre-natural y lo comentado por la joven, no demore en compartirlo con toda la comunidad, nos será de mucho valor ….

ZIPPO


CULTURICEMOS LA DISCUSIÓN, LA HAGAMOS RIMAR CON CONSTRUCCIÓN

El disfrute es un gozo que no se contradice necesariamente con la crítica, o la disconformidad. Tanto como que el conformismo no es referencia de optimismo, ni el situarse en un análisis sobre la injusticia social o la frivolidad de los tiempos actuales es síntoma de ser un amargado. El problema radica más que nada en la dimensión que le damos a los conceptos, los parámetros por los que decidimos hacer de un significado o uso de una palabra, su significado hegemónico.

Ni disfrute, ni disconformidad, ni conformismo, ni optimismo, ni injusticia social, ni frivolidad actual, ni amargura son siempre idénticos, según cada contexto adquieren diferentes connotaciones, tanto desde su punto más estrictamente semántico como desde su punto más abstracto en el que se reconocen las características particulares de cada caso en los que se los trae a colación.

Es por esa hegemonía de los usos y significados que algunas palabras tienen una carga negativa, su emotividad está colmada de oscuras inferencias y opacas interpretaciones. Los ejemplos realmente abundan, “política” o “político” es uno de los más recurrentes; aunque la política no se reduzca a lo que el sentido colectivo entiende cada vez que la oye o la lee, por esa contracción del uso y significado, muchos “no hablan de política”, ni “hacen política”, ni serian “políticos”. Así las cosas se agotan los recursos para que los reduccionismos lingüísticos no conduzcan a confusiones cuando se sale de las hegemonías semántico-sintácticas.

Por eso un padre que quiere remitir a lo orgulloso que está de su hijo rubrica en tono fuerte ante toda una mesa de amigos que “por suerte me salió bien machito”; sucede que su relación del uso de la palabra “machito” es además de escueta, machista y homofóbica ya que él lo considera tal porque es un joven con buenas calificaciones universitarias, que además tiene un trabajo como pasante en un estudio jurídico, que ahorra billetes y está próximo a comprarse su primer auto. La palabra “machito” es para este hombre sinónimo de “hombre que hace lo que debe hacer según el modelo de vida que yo creo correcto”.

De esta forma se va construyendo entonces la valía y la emotividad de las palabras; se les imprime reputación, como si ellas hubiesen sido libres de aparecerse en determinados marcos de comunicación social. Por eso las palabras tienen historicidad, y es debido a ello que el lenguaje y su uso son una de las formas más invisibles y desapercibidas, aunque no por eso menos eficaz, de construir, difundir, y hasta imponer cultura.

¡BASTA DE CALLARNOS! aunque sobren actitudes como la de esta imagen...

¡BASTA DE CALLARNOS! aunque sobren actitudes como la de esta imagen…

Es luego de reconocer eso, que quiero marcar lo desprestigiado que está el concepto de “discusión”. Es como si discutir fuese ser problemático o conflictivo para las relaciones sociales; es como que la discusión distancia, no encuentra puntos en común o hace dialogar distintos saberes, porque esta más bien emparentada con la pelea. Discutir, según una emotividad más benevolente, es menos pelear y más construir desde la diferencia, desde la interacción. Pero claro, la lengua y el habla, como decíamos, son engranajes culturales. Será por eso que discutir tiene tan mala reputación, igual que criticar, o analizar la injusticia y la frivolidad; no es casualidad que nuestra cultura le haya imprimido esa emotividad negativa a lo que significa discutir: somos hijos de la cultura asesina que propuso el silenciamiento y exilio de la diferencia.

Pero, esperanzados aun por recuperar tolerancia y poder sobre lo variadamente divergente, convoco a reactivar la discusión no sólo en sentido práctico sino también semiótico (su uso como palabra). Discutir, como consecuencia de las diferencias, es la mejor forma de construir en colectivo. Discusión, emotivamente optimizado, es armonía para la construcción.

 

ZIPPO


MUCHO HUMO Y POCAS NUECES

Hay detalles de la vida corriente que por su envergadura de habituales resultan ser vaciados de contenido para un análisis contextualizado y, al menos someramente, complejizado. La banalización, tan promovida por los pilotos de esta vieja cultura frita del consumo indiscriminado, hace mella en nuestras lecturas sobre acontecimientos sociales, y las reducen en el mejor de los casos a chistes muy oportunos. Así es como las desagradables imágenes que ahora traen los paquetes de cigarrillos, ha sido motivo para que algún master del fotoshop nos advierta vía facebook que además de los muchos perjuicios a la salubridad que causa el tabaquismo, también te puede “volver pelotudo”, como le pasó a Jorgito “me muevo a donde calienta el $ol” Lanata.

La inquietud comenzó hace unos días cuando la muchacha simpática que recibía las demandas de los compradores detrás del mostrador del almacén, extendía su brazo izquierdo trémulo, dándole un paquete de cigarrillos a la compradora. La niña que adquiría los tabacos exclamó horrorizada por la imagen escatológica que acompañaba el envoltorio, en la que se mostraba dos pulmones, uno de ellos devastado. Ni lerda, ni perezosa, y con una sonrisa un tanto morbosa, la vendedora retrucó mostrándole otras imágenes de la variedad.

La secuencia me llamó la atención, sobre todo por la carga de morbosidad con la que se vive socialmente incluso la denigración autodestructiva que propone la cultura del consumo. Días después, la novedosa forma de prevenirnos sobre lo mal que hace fumar, se hizo más rutilante y profunda cuando un simio amigo, luego de volver de su compra de tabacos, me comentaba su indignación al respecto. “Se nos están cagando de risa en la cara, esto es el colmo. Si ya saben que fumás y las consecuencias nocivas que tiene, con qué necesidad te ponen este tipo de imágenes; es como si se burlaran de la adicción que nos indujeron”.

 Ese veredicto fue determinante para la proposición que voy a hacerles a nuestros representantes políticos. Nuestro simio amigo hace referencia justamente a la forma en que los promotores del sistema consumista nos van creando necesidad, hasta aquí nada nuevo; pero además muestra su ira ante lo que considera una burla; me parece importante ponernos en orden entonces: las empresas tabacaleras no deben tener el más mínimo interés en crear conciencia sobre las graves consecuencias del tabaquismo, por lo que puede deducirse que esta novedosa manera de llamar la atención sobre los daños de fumar viene dada por alguna determinación legal, una imposición del Estado a los empresarios.

Estamos entonces ante un nuevo caso de tibieza por parte del Estado, que no se decide a gobernar para el poder popular más que para el poder económico centrípeto que crea la estructura hegemónica del neo-liberalismo global. Se podría avanzar con políticas más acentuadas sobre la toma de conciencia de lo que significa el consumo de tabaquismo, y no sólo desde el punto de vista de la salud personal, sino desde el fenómeno social que trae aparejado. Digo, además de ser un consumo injustificado para la auto-subsistencia humana (nadie se muere si no fuma), es un comercio internacional que extrae materias primas de las zonas periféricas a las potencias, y que luego se distribuye en todo el mundo dejando ganancias a unos pocos, poquitos inversores transnacionales. Ni hablar de la costumbre a fumar que imparten, y que lleva a que en algunos casos, años más tarde de haber empezado con el cigarrillo estén preparando la virulana para llenar una pipa y estrujarse los sesos con pasta base.

Sugiero que en vez de poner el mal directo, físico y personal, se pongan imágenes de las mansiones que tienen tanto los empresarios internacionales del tabaco, como los titulares de los grandes carteles del globo. Buena vida a costa de la mala vida de otros, esa doctrina es la que hay que atacar para crear una conciencia social que vaya más allá de la salud individual.

Simios, el tabaco es una planta igual que la marihuana, que son utilizadas para el consumo particular; para tener una planta basta un poco de agua, voluntad, energía y algunos pocos kilos de tierra, por lo cual no hay justificación para que su comercio sea libre y regularizado por la legalidad; se debe restringir el comercio, tanto de tabaco como de marihuana, para que vuelvan a tener la significación que les corresponde, la de plantas. De esta forma, quien quiera consumo, tendrá que atravesar para ello por un proceso de respeto biológico con las respectivas plantas. No a la legalización del comercio de necesidades inducidas, si a la liberación de las relaciones biológicas que permitan conectarse con los demás seres vivos que nos rodean.

ZIPPO


COMPROMISO SOCIAL: DE LA REALIDAD A LO VERDADERO

Me preguntaba cómo es que un humano puede hacer lo mismo, o al menos algo muy parecido, por ocho horas seguidas, o entrecortadas, durante todos los días hábiles y algunos del fin de semana; me generaba cierta intriga resolver cómo es que podemos sentir que esa forma de trabajo dignifica a los seres, más bien siento que los despersonaliza, los deshumaniza, los uniforma y los transforma en máquinas con acciones específicas, que como bien diría un tal Marx, se diferencian de las abejas sólo porque tienen la capacidad racional de visualizar en pensamientos el resultado de su producción antes de terminada.

Humanos-robots

Humanos-robots

Mientras andaba entre esas cavilaciones, un tanto abstraído un tanto desconcertado, tomé asiento en una plaza para relajarme y hacer algo de lo que más disfruto: contemplar. Los veía pasar apurados, siempre llegando tarde, sea al trabajo, sea al descanso, sea a alguna otra ocupación que tiene la virtud de pre-ocupar; los observaba que poco hacían por mirar el alrededor inhumano (naturaleza y construcciones), al contrario es como si estarían buscando otro rostro con quien cruzar mirada, u otro cuerpo a quien previa mirada fugaz se le desmembrará con juicio crítico la coherencia de sus atuendos y su forma de andar; los miré tratando de dilucidar estereotipos de los que también caminan, mientras que otros si quiera se interesaban por el mundo de alrededor, sus mundos ya están complacidos y abarcados en una pantallita pequeña que si bien tiene funciones de computadora, se llama celular. Un dato llamativo fue que nadie miraba el cielo, ni la copa de los árboles, siquiera se detenían a admirar las construcciones elevadas por herencia colonial que adornan el casco céntrico: nadie eleva la mirada, no miran más arriba de sus hombros.

Entre tanto, me llamó la atención un conjunto de faroles, que se desprendían de un poste matriz, uno hacia la derecha y otro hacia la izquierda; el primero con un foco blanco y el segundo con uno amarillo, daban la sensación de ser dos ojos vigilándonos desde arriba, cada uno con su propio color de iris. Inmediatamente recordé a un perrito, mascota de un antiguo amigo, que por algún problema ocular había terminado con un ojo de cada color. Supongo que son pocos los que recayeron en el detalle, aunque son miles los que pasan por debajo de esos faroles todos los días en la peatonal donde se ubican. Así las cosas, las relaciones humanas que se conjugan en este mundo más parecen ser una sobre-actuación de apariencias que poco hacen por disfrutar de lo inmenso que es todo lo pequeño que nos rodea a diario.

Claro, esto es producto de una sistematización aguada, en nombre de una evolución y modernidad, que la humanidad como conjunto terminó aceptando como modelo de vida; modelo de vida deshumanizante, en el que muchos viven aparentando y pocos viven siendo. Será por eso que la fuerza de los discursos tiene tanto poder en estos días, la jactancia es una de las mejores herramientas de posicionamiento social en las relaciones, pareciera que de poco sirve lo que se hace tanto como lo que se dice.

Pero para no aburrir ni irme por las ramas, digo concretamente que a lo que quiero llegar es a la irritante concepción de “compromiso social” que se tiene por estos días. Se ha reducido tamaña categoría a la simple acción con el entorno personal de cada uno (es decir, compromiso social significa salir el viernes con los amigos “sin falta”, o adherir a una práctica colectiva que a veces nos resulta inútil pero que como la hace mi grupo de pertenencia la hago también).  Compromiso social, es para muchos, no joder al otro; no es la primera vez que lo expongo pero según mi esquema de valores no alcanza con no ser malo para ser bueno. Compromiso social, es para otros tantos, tener una postura crítica sobre la “realidad” motorizada por el consumo de medios masivos de difusión.

Más allá de lo evidente que resulta la desvalorización que se ha hecho del compromiso social, voy a cerrar con una clave que se emana del último aspecto destacado sobre la visión crítica sobre la realidad. Considero, previa puesta en común con un simio amigo, que la realidad debe ser netamente aquello que cada uno vive, lo demás que escapa a nuestras propias vivencias son escenarios de realidad, no realidad en sí misma. Por eso la “realidad” y las “realidades” son una construcción abstracta, que tiene poca sustancia en la vida material, con lo cual realidad y verdad no son una dialéctica perfecta. Por eso, sugiero que para empezar a ir en contra de la deshumanización que nos propone este modelo de evolución, en el que vivimos más en un plano de fantasías que en un plano de genuina realidad, busquemos las verdades irrefutables: Pachamama a la orden, sabiduría infinita.

 

ZIPPO

 


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