Un espíritu de lucha y resistencia

 

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Para empezar el relato volveremos al 24 de Marzo de 1976 fecha de la toma efectiva del poder estatal de Argentina en manos de militares, lo que fue la última dictadura militar que se prolongó hasta 1983 con la “vuelta a la democracia” con la elección de Raúl Alfonsín como presidente de la república. Citaré también a otro simio :”… Hace 29 años luego de que el plan Condor (la implementación de dictaduras en una Latinoamérica revolucionada por una opresión intolerante) consiguiera su cometido en nuestro territorio: acentuar las bases de dependencia económica a un capitalismo internacional, y exterminar tangible e intangiblemente a todas las expresiones de ideología que contraríen ese sistema, volvía la “voluntad popular”, que claro ya estaba manipulada por la desaparición de 30.000 voluntades, con lo cual había menos margen de “error” sobre las decisiones que vaya a tener el pueblo. Se habían erradicado los ideales de emancipación y de modelos alternativos, y las oligarquías nacionales socias de los poderes internacionales podrían tomar el monopolio del poder político. Fenómeno que persiste hasta nuestros días, en los cuales ser político no es una mera función social, sino que además es pertenecer a una clase con sus propios rasgos. (1)…)

            Esta macabra estrategia imperial sin embargo vislumbró aquellos años de explícita dictadura como el primer eslabón de una cadena mucho más larga. A mí entender fue la puerta por donde entraron todos los individuos e individuas que pertenecen a la actual clase político-dirigencial del territorio argentino. Por lo tanto ha sido la puerta, o la última puerta, por donde se ha establecido la lógica planificadora de nuestra cultura.

Estoy casi seguro que esta nota puede pecar de simplismos y deficiencias argumentativas, pues no he acudido al registro histórico para respaldar mis argumentos, pero es harto sabido que los trabajos de investigación que se han propagado ahora que las instituciones de la sociedad no se hayan intervenidas con armas y fuerza bruta han arrojado luces sobre el film de terror que nuestros viejos supieron vivir, y que nosotros sabemos vivir.

Hermana, hermano, la dictadura militar no ha terminado, siquiera ha desaparecido, no ha habido principio del fin, ni final feliz. Solo ha mutado, se ha metamorfoseado como una lógica, un modelo de vida. No es casualidad que las desventuras propias del capitalismo neoliberal se retuerzan en nuestras entrañas. Ejemplos hay miles. Por citar algo que nos resulta inmediato geográficamente, no es casualidad que el gobierno salteño, una oligarquía enquistada, haga oídos sordos a los reclamos por desmontes, al problema habitacional, al etnocidio que sufren nuestros pueblos; ni mucho menos lo es que se planifiquen servicios de índole pública desde perspectivas empresariales: SAETA, El Nuevo Hospital del Milagro, la educación, las fuerzas de seguridad (¿inseguridad?).

Ahora la dictadura es implícita pero real. El terror ahora está estigmatizado en determinadas clases sociales: los pobres y drogadictos son ladrones, los políticos de traje sólo se equivocan y van a juicio…político. Los medios masivos de comunicación paga arman una realidad falaz, toda tergiversada; entrevistan a los jefes de policía y los funcionarios corruptos, pero acallan a los nadie que claman paz, pan, viviendas, amor, libertad, educación no alienante, salud. Precisamente son medios de paga porque les pagan para pasar lo que quieren, o les conviene, a los que pagan.

Durante la dictadura explícita la violencia engendrada como terrorismo de estado desarticuló el tejido social de nuestra nación, lo preparó para que pase del miedo y el silencio a la resignación y la negación. Se cambió la lógica planificadora, se re-estructuraron los roles sociales. El ciudadano se vio perdido de repente en una marejada espectacular (de espectáculo) donde otros deciden y decidirán por sus vidas. Y donde él, simple anónimo, no tendrá nunca inferencia de ningún tipo, pues resignado niega sus cualidades de autodeterminación, rifa sus capacidades organizativas y su dignidad a cambio de un supuesto pasar económico que le permite sobrevivir.

Creo que el estado no existe como tal, más bien siento y observo una manipulación empresarial, de niveles grotescos, de nuestros logros construidos y heredados como humanidad en conjunto. Una manipulación que pone en la delantera los intereses de los mercados y deja de lado toda humanidad, y toda naturaleza. Una lógica que atropella y encapsula a todos los individuos en sus mundos, obligandolos a negar el mundo y su compromiso con el mismo.

Es de mi preocupación esto último. Ateniéndome a mi realidad inmediata, a la geografía donde ando y al calendario por donde paso, es que me parece de urgencia una revisión, a nivel individual, de nuestros compromisos humanos. ¿Estamos seguros que es suficiente cumplir con nuestras amistades y con la noche? ¿Nos sentimos realmente bien por estudiar y ser “brillantes”? ¿Nos satisface mirar y mirar hasta dormir la t.v? ¿Dónde pensamos llegar si mientras construimos nuestros sueños, a nuestros hermanos y hermanas los desalojan, los asesinan, los violan, los matan una y mil veces acusándolos de anti-progresistas, terroristas, criminales? ¿Qué os moviliza: la vida misma, que es una oportunidad fascinante; o el facilismo hereditario y la comodidad estructural? ¿Por qué su indignación no supera un estado de facebook? ¿Por qué no sienten suyos los reclamos de aquellos que piden justicia?

La conciencia es algo que se adquiere, que se forja, que se siente. La conciencia de lo que sucede en el mundo más allá de tú mundo,  es un logro que de adquirirlo te empujará a querer hacer algo, a querer autodeterminarte. Me siento traicionado una y mil veces por aquellos que no pueden, porque no quieren abrir sus oídos, sus corazones y sus voluntades, levantarse y asumir sus compromisos humanos: ser parte del espíritu de lucha y resistencia inherente a cualquiera que se halle ofuscado sistemáticamente por elementos ajenos a él, pero que a la vez son producto de ciertos similares suyos; espíritu que se levanta con cada árbol cortado, con cada disparo realizado, con cada mujer raptada, con cada niño que fallece por desnutrición, con cada mentira de los malos gobiernos, con cada fallo irrisorio de la justicia de derecho. Esos y esas que se quedan enfrascados, por resignación, y que niegan el mundo son traidores de la humanidad. Ellos y ellas que prefieren vivir sin cuestionamientos sus mundos son cómplices, por omisión, de todas las inequidades que se hacen en nombre de la propiedad privada, la mercancía, la autoridad estatal, los contratos, la cosificación de todas las conciencias, etc.

Ya está por esta vez. Hasta aquí llego. Pero me voy reflexionando sobre algo que me sigue trayendo a mal joder: esa “comodidad” que inmoviliza humanamente a muchos de mis hermanos y hermanas que, aunque haya renegado de ellos en el párrafo anterior, siguen estando, y lo estarán siempre, dentro de mis pensamientos de manera despersonificada y en anonimato, pues esas son las relaciones que perduran y que permiten creer. 

1-https://demilmonosyunomas.wordpress.com/2012/12/10/festejamos-la-democracia-que-nos-debemos/

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