POR UN PLANETA DE LOS SIMIOS EN LA TIERRA

La tierra, ese pedazito de planeta que cada uno siente como su hábitat personalizado; la tierra, ese trozo que los estados consideran propios; la tierra, el vuelto de un ventarrón dentro de la casa que antes alardeaba con cerámicas brillantes; la tierra, matriz de la producción, mercancía ficticia. La tierra y el lucro, que es el caso histórico que nos alberga, son combinación de poco agrado para las mayorías privadas de medios de acción directa para conducir el rumbo social, debido ello a la concentración del poder, tanto en su forma económica como política como cultural y como simbólica, a la que lleva este sistema centrípedo de circulación de mercancías, y relaciones sociales. Lo mucho para pocos, y para muchos otros lo poco que queda.

Así las cosas, la tierra, madrecita de la gesta embrionaria del reino vegetal, elemento que nos fusiona con agua fuego y aire, cimiento de cada construcción territorial y estructura maleable de cada construcción sub-terranea, es convertida brutalmente en un motivo de disputa insoslayable entre los potentados contra los desposeídos. Esa disputa es la principal lamentable consecuencia de que las tierras se mercantilicen de forma abstracta para el imaginario social, como si la relación tierra-lucro casi no existiera más que para los terratenientes que explotan la agricultura, como si Israel y Palestina fuesen Robustiano Patrón Costas o Alfredo Olmedo, como si el pueblo Wichí fuese  la Federación Agraria, o como si los asentamiento de Sol del Oeste o del ex balneario de Vaqueros fuesen Argentina o Salta. Un mal mundial, sistematizado, ese de la relación entre la tierra y el lucro y sus repudiables consecuencias.

En ese marco de disputa que provoca la actual relación humana con la tierra asociada al lucro, se cuentan sucesos como el sucedido ayer en la zona norte de la ciudad de Salta, donde fueron reprimidos por orden judicial y apadrinazgo gubernamental un grupo de seres humanos que buscaban un pedazo de tierra para sí; periodistas que intentaban cubrir los hechos también fueron agredidos por la panzada policial. Desde este espacio, repudiamos este hecho, tanto como repudiamos la tibiez con que se trata internacionalmente el conflicto entre Israel y Palestina, cuando es bien sabido que independientemente del culto, el avasallado y hostigado es el pueblo Palestino. Todo en nombre de la tierra.

 Retomando para darle forma a las relaciones que intento plantear, me parece importante aclarar que catalogo como negativa la conexión estrecha entre tierra y lucro que proponen este modelo de relaciones,  porque supongo que el enfoque de nuestra relación humana con la tierra tiene que ser más verdadero, en un sentido más pragmático. Por eso, la tierra, según cada porción, es de quien la trabaje; la ecuación tierra-trabajo, no es lo mismo que decir tierra-lucro. Claro, vale aclarar que no reduzco el concepto de trabajo al tipo contemporáneo de contrataciones, sino en su forma más abarcadora como la transformación humana de la naturaleza para subsistir.

No me digan infundadamente que faltaría espacio y estaríamos hacinados, o que es una idea con dejos de un anarquismo naturalista, porque considero que si todos sencillamente entenderíamos nuestra relación humana con la tierra de otra forma, más natural, y emparentada con el trabajo y no con el lucro, estaríamos en condiciones dignas de vida, cosa que actualmente no sucede con grandes mayorías. Pero claro, es casi que una utopía delirante creer que el hombre moderno pueda prescindir de regulaciones que lo excedan y no que no le pertenezcan en realidad; claro, no vamos a andar faltándole el respeto a las instituciones, no no. Pero ¿saben qué simios amigos?, la tierra tiene que ser del que la trabaja, del que la siente palpando,  del que late sobre ella, del que se “ensucia” con sus restos, del que la hace circular con producción y no del que la gasta con explotación. Elijo e invito a pensar en que es momento de una nueva relación humana con la tierra, una en la que no haya dueños, sólo soberanos que la trabajen.

ZIPPO

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