Archivo mensual: marzo 2012

RESISTENCIA COMUNITARIA

LAS MALDITAS SEÑORAS HORMIGA

Entre otras cosas ultimamente estoy siendo más pausado y cauteloso para hacer conjeturas, me tomo mayores lapsos de tiempo en la incertidumbre de no creer nada al respecto de lo que sucede alrededor,  eso ayuda a que algunas observaciones se hagan ineludibles para mí, aunque para la mayoría de los que me rodean esas observaciones sean invisibles.

Algo extraño percibimos desde el principio cuando llegamos al Centro Cultural Indígena de la ciudad de Tartagal, y si bien íbamos dialogándolo entre nosotros, ni remotamente nos arriesgamos a dar crédito absoluto a nuestras teorías sobre qué sería aquello extraño que sentíamos. Con el correr de los días se nos desnudó una realidad decepcionante para las expectativas con las que llegábamos, pero al mismo tiempo, fue la motivación que nos sostiene en la aventura de establecer lazos comunitarios con los pueblos originarios.

La realidad nos muestra que a cuatro días de habernos dormido, bañando, comido, charlado, escuchado y observado los devenires del movimiento del Centro Cultural Indígena, podemos decir que lo “comunitario” está extensamente manoseado, institucionalizado y chantajeado.

Para que se entienda paso a comentar que hace cinco días llegué con mi compañero de ilusión comunitaria al lugar donde funciona la radio “La voz indígena”, premiada y distinguida a nivel nacional como una de las mejores experiencias en comunicación comunitaria para el desarrollo cultural. Grande fue nuestra desilusión al observar que esta incursión aparentemente comunitaria, difiere de estructuras horizontales, de participación, de integración e interacción, y mucho menos de autodeterminación cultural.

Más allá de que una de las premisas de la radio (aunque para nosotros parezca una obviedad) sea que todas las voces del aire sean de originarios, el lucro de la representación institucional sobre las comunidades y las directrices generales corren por cuenta de unas señoras gringas, pedantes, “militantes”, punteras políticas. Es decir el proceso de toma de decisiones está centralizado en un selecto “equipo” (según se autodefinen las señoras con caderas de hormiga por el paso de los años, claro está), en el cual los indígenas no tienen prácticamente representación legitima. Y peor aún, según denunciaron en charlas informales, el dinero por los premios obtenidos en nombre de sus culturas ellos jamás lo vieron, ni hablar de recibos. Las señoras pasaron de ser coordinadoras de un supuesto progresista proyecto de interacción cultural, a las administradoras de las migajas que el estado nacional destina para el desarrollo cultural.

Cuando debieron presentarse ante nosotros las longevas hormigas dijeron pertenecer a la Sub-Secretaría de Agricultura Familiar de la Nación, dato que en un principio se nos pasó desapercibido, pero con el transcurso de los días, las observaciones y aquello que charlábamos con los originarios, concluimos que se trataba no de una mera administración de la representación cultural de los pueblos indígenas (lo cual ya sería bien criticable e inescrupuloso), sino más aún estamos hablando del monopolio del contacto con las comunidades. Estas señoras ejercen presión sobre los domesticados originarios, que deseosos por recibir algún mísero puchero del Estado, responden con su apoyo a la representación institucional impuesta. Desde la Sub-secretaria consiguen la asignación de tierras, la participación en concursos nacionales, los espacios edilicios y el reparto de quien sabe cuánta dádiva más.

Entonces quien no llega en nombre de ellas, traído o presentado por ellas (que son las patronas que utilizan la representación de los pueblos originarios para transar con cuanta institución o ser humano quiera acercárseles a los supuestamente “hostiles” indígenas), tiene menos posibilidad de entrar en interacción con ellos porque no quieren perder los resabios que el Estado Nacional les convida por medio de las señoras caderonas.

Basta para graficar la presión que implementan, que al llegar monte adentro, a presentarnos ante uno de los Caciques de la zona para ponernos a sus inmediatos servicios, él casi que disculpándose nos rogó que volvamos en unos días luego de que les pregunte a “ellos” si nosotros podríamos quedarnos allí. Claro que ni lerdos ni perezosos, haciendo honor a la elección en común sobre nuestros destinos universitarios, mi compañero y yo indagamos sobre quienes eran esos “ellos” a quienes el Cácique, máxima autoridad indígena, debía verse subordinado para decidir sobre las tierras que habitan; resulta ser que los servicios que el don necesitaría para su comunidad son en albañilería, y el albañil contratado es “Roberto”, a él habría que pedirle autorización. En esta ocasión tampoco lerdos ni perezosos, nos adentramos en descubrir por qué el albañil tendría tanto poder, resulto ser que el albañil contratado por la comunidad no es más que el señor esposo de una de las señoras hormiga que compone la cúpula que exprime el valor cultural de los pueblos originarios.

Queda expuesto hasta que limites se estiro el dominio de este par de diri-gentes políticos, que disfrazándose de trabajadores comunitarios arrebatan toda posibilidad de desarrollo genuino a la alternativa de vida que representa la vida en comunidad. Ni que decir del uso intencionado del valor cultural de las comunidades de pueblos originarios, y la reproducción de desigualdad a la que son sometidos en nombre de recibir supuestos “beneficios” del Estado Nacional.

No estaría demás agregar como otra forma de ejemplificar lo contradictoria y manoseada que está esta experiencia comunitaria, que los contenidos de la Radio de todos los programas son determinados por la cúpula de ancianas ambiciosas, que recolectan algunos intelectuales de cotillón para avalar sus supuestas acciones comunitarias. De esta forma, la cúpula marca mayor distancia con los originarios, situándose en posición netamente capacitadora, civilizadora, como si no habría nada qué aprender del saber ancestral que portan nuestros indígenas.

Sin embargo todo esto no es fácilmente visible, aquí se utiliza un tipo de violencia que los ricoteros conocemos como “mentir”, si, violencia es mentir, mentirles. En este lugar los amos juegan a ser esclavos, a decir que dan su vida por el desarrollo de las comunidades, y que ponen dinero de su propio bolsillo para que así sea. Lo gracioso es que cobran los trabajos de albañilería, asique veo como imposible que pongan plata de sus bolsillos. De hecho esta mañana encontramos en el Centro Cultural, la caja de cartón en la que venía empaquetado un moderno Televisor, no tiene más de un mes según devela el estado del cartón, pero el Centro Cultural no tiene Tele.

Ya sé, ustedes van a decir que nosotros somos unos malos pensados, que estamos queriéndole encontrar la quinta pata al gato, y que estas señoras se llevan lo que les corresponde por haber dedicado su vida a contribuir al sometimiento domesticado de los pueblos originarios ante la burocracia estructural del Estado Nacional. Es cierto, tal vez seamos nosotros los boluditos que vemos un poco más allá, o que queremos pensar mal de la buena gente, de esta Argentina, “un país con Buena Gente”. Perdón, somos unos subversivos…..

ZIPPO

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DEME CONVICCIONES, NECESITO SENTIRME LIBRE E INDOMABLE

Que ganas de decir “la puta madre que lo parió”, aunque ahora que me detengo leyéndolo en la mente me parece un insulto vacío, inconcluso; es cómo querer herir a alguien agrediéndolo por el oficio de su madre. Primero que la madre va a ser siempre la madre, por lo cual el oficio que practique a la larga o la corta termina por ser poco importante para el hijo; y segundo que la prostitución es una manera menos careta de ejercer la conveniencia fetichista, con culto a lo estrictamente carnal, algo que si lo analizamos bien, es más común de lo que parece.

 En sí lo relevante no es el insulto, sino las ganas de insultar, de mandar todo a la “concha de su hermana” (como si habría hermanas sin conchas). Es la inmensa dicha de querer ser grosero la que vale la pena, como si de burlarse de lo fino se tratase. Lo refinado como lo culto y lo grosero como inculto, así se plantea en la sociedad de quienes se consideran educados; lo llamativo es que esos educados son los mismos que en nombre de su moral se abusan de otros, justifican actos de violencia individual y hasta pasan por alto muertes de otros seres.

Por eso creo que valdría la pena que se hable más de pelotudos  e hijos de puta, y menos de descarrilados o vándalos, tal cual segmentan la diferencia los educados. Asimismo creo que sería más pertinente hablar de convicciones y menos de decisiones; en nombre de la seguridad personal se justifica la ceguera por la cual no hay cuestionamientos de las decisiones, es por eso que hay que cambiar lo que motive las decisiones, deben dejar de ser certezas quienes motoricen las acciones para dar paso a las convicciones.

Aquí es oportuno hacer un alto para dar especificaciones. Entre todo lo que debiese reverse en el seno de nuestra sociedad occidental y globalizada, aquello que impulsa a tener ganas de insultar, es insoslayable destacar la inminente necesidad de desmitificar las certezas para cargarnos de convicciones.

Dicho así parece algo muy abstracto y filosófico, pero voy a dar detalles que den cuenta de lo que estoy exponiendo;  las certezas son aquella falsa ilusión de seguridad que funciona como sostén de decisiones endebles y acciones poco resueltas, mientras que las convicciones son la inseguridad permanente de pensamiento que en su afán de encontrarse con la seguridad motiva decisiones/acciones que ejercen cambios al modelo de seguridad deseado, por lo que provoca una relación infinita entre inseguridad-seguridad, una búsqueda insaciable que lleva a nunca dejar de accionar.

Tener certezas sin inseguridades previas, es como querer tirarse al agua sin mojarse, o desear observar el sol creyéndonos impunes de perder visión. Las certezas disfrazan en una falsa seguridad a un modelo de persona íntegra, de valores rígidos, moral inflexible y vida hecha y DERECHA; yo me pregunto quién nos hizo creer que la vida tiene que ser una constante dura como una piedra, inmodificable y DERECHA, será la propia derecha política, el conservadurismo duro como un mármol o la iglesia infranqueable ante las demandas de las lógicas actuales.

Permítanme sugerir dar rienda suelta a las inseguridades, a los cuestionamientos y a las dudas. No hay modo más efectivo para hacer, para accionar, para tener determinación, que estar en permanente estado de búsqueda inseguridad-seguridad, teniendo insignificantes certezas pero grandes convicciones.  Con esto no estoy garantizando que todo lo que vaya a resultar de esas acciones vaya a ser acertado, pero carajo que hay que estar más dispuesto a cometer errores, a equivocarse.

Ese puede ser un primer paso para romper las cadenas que nos sujetan a un modelo de ser humano íntegro y educado, que se caracteriza por su inmutabilidad. Cambiar es un acierto, aunque esté compuesto por muchas equivocaciones mediante. Las certezas en vez de hacernos íntegros nos hacen tibios y cobardes, mientras que las convicciones nos convierten en valientes y aventurados, nos hacen libres e indomables.

Bienaventurados los que se animen a reinventarse a cada día, a aquellos descreídos de la maduración humana como si de un fruto se tratase (que acaba por pudrirse), agraciados esos que creen que se evoluciona en un estado permanente de dialoguicidad entre sus inseguridades y sus seguridades, a los que no se dan por rendidos ni aun luego de décadas de haberse estado buscando, dichosos los que no dejan de intentar ni de accionar nunca, a los que no van a desaprovechar ni el último minuto de su respiración, a los que van a buscar en ese minuto descubrir una nueva manera de sentir el aire. Despiertos ellos, libres e insumisos.

A la mierda con la pelotudez de ser culto, educado, formado o coherente por no cuestionarse y pasar por la vida buscando estabilidades sustentadas en certezas. De convicciones se trata.

 

ZIPPO


IGUALDAD EN LA DIFERENCIA (Vuelvo)

Vivo he estado siempre, a veces más a veces menos, pero siempre vivo.

Recesos, pausas, “tiempos” (en términos del amor, otra mentira en nombre del  amor) muchas veces son necesarios, refrescan y distienden. Fresco y distendido asomo la cabeza al mundo de nuevo a ver  qué pasa o que dicen que pasa. Es claro que las cosas – como dije alguna vez-  suceden. “Sucede todo el tiempo,  a veces sopla el viento y solo sucede” hoy me queda agregar que movemos la mano y sucede, hablamos, hacemos y sucede.

Ha sucedido de todo desde que he enchufado mi cabeza al “mundo”, nunca me fui del todo pero salí a tomar aire y mirarlo un poco desde arriba. He vuelto a ser parte (no se qué tan bueno sea) he vuelto a mirar desde adentro, y hoy vuelvo entre lianas a bailotear en esta selva.

Desde adentro se escuchan muchas voces (aun que no las suficientes) que reclaman, se quejan, balbucean, se quejan de los que se quejan y demás. La esfera pública se embebe en estas voces y surgen allí numerosos temas, tópicos, problemáticas etc,  que se hacen presentes en los cantares de la ciudadanía. Algunos han despertado mi atención más que otros, ya que algunos son dignos de escupirles desde arriba y no decir más. Estos que despiertan mi atención en estos últimos días (y la mayoría cobra relevancia hace bastante, no solo durante este último tiempo) tratan el cuerpo y la “vida” del ser humano, la educación y también el “espíritu” aunque no lo han mencionado.

Creo a la educación como espacio importante en la vida y en la formación del ser humano, espacio de intercambio, de conocimiento, de liberación, crecimiento y transmisión. La misma debe regirse por una armonía conjunta, que dé lugar a la tolerancia y el respeto para poder compartir (Algo así como “De mil monos”). En nuestra provincia se ha generado una disputa con respecto a la educación religiosa en las escuelas públicas. Por una lado padres que denuncian discriminación, descontento e imposición, por otro lado la iglesia católica, que al ver caer uno de sus pilares sale fervorosamente al choque contando con el respaldo de una sociedad que la avala en su mayoría.

En primer lugar me gustaría recordar la existencia de numerosas religiones alrededor del mundo (desde arriba esto se puede ver) cada una con sus normas, costumbres, historias, años y seguidores. El fin de la mayoría – quiero creer- es el desarrollo del espíritu, aunque vale la pena aclarar que en nuestros tiempos el desarrollo espiritual  ocupa un segundo, si no es un último plano en algunas religiones. Se aspira al “orden social” mediante el cumplimiento de ciertos mandatos divinos caídos del cielo, se inculcan valores a través de historias cuando esta no es la única manera de hacerlo y hasta se llega a lucrar con la sanación (como en la medicina). No juzgo al que entregado a la fe sigue algún tipo de religión, cuando la ciencia no da más respuestas la gente tiene que aferrarse a algo, creer en algo (deberían creer en ellos). Y no hablo de bocón, hablo por que lo veo, lo vi y hasta lo sentí muy de cerca.

Volviendo un poco, el tema que agita a varios salteños es la religión católica en las escuelas. No tengo hijos todavía pero si los tendría no me gustaría que reciban educación de una religión que se basa en la sumisión y el castigo, el castigo divinoal cual muchos temen. Ese Dios bondadoso y misericordioso, que castiga pero siempre perdona. Y si no estoy equivocado, yo como cualquier persona que  quiera mandar a sus hijos a recibir educación pública puede elegir qué tipo enseñanza espiritual recibirán. También existe la posibilidad de no optar por ninguna.

Puedo dar fe de la discriminación y la exclusión que el sistema educativo hace con los alumnos pertenecientes a otras religiones, mas aun con lo que deciden no creer en nada. Señores con sotanas, con todo respeto y de igual a igual, quería comentarles que la imposición es violencia. No hay golpes visibles, ni secuelas a flor de piel, la violencia aquí es simbólica, letal y por mas que les pese diabólica. Quizá haya sonado fuerte, si así fuese deberían revisar su concepto de “diabólica” “diablo” o lo que sea.

Juro (y no tengo por qué hacerlo, solo para que no se sientan dañados) que mi intención última aquí es ofender a alguien, escribo desde el monaguillo que fui, desde el pibe que soy. Escribo en defensa de la educación, en defensa de la libre elección de los preceptos a seguir en pos del desarrollo espiritual, escribo en defensa de un espíritu libre, extenso y puro. Escribo porque sé que “valores” se pueden enseñar de numerosas maneras, escribo porque sé que aun no creyendo en la iglesia católica se puede hacer el bien,  escribo porque las cosas se mantengan en su lugar, la educación en las escuelas  y la religión en las iglesias. “Escribo porque existo, demando y emano”.

Música Extra-planetaria 


DE VERDADES Y ANGUSTIAS…

 

El siguiente caso es verídico. Le ocurrió al padre, del amigo, del hermano, del padrino, de un amigo. Yo nunca lo conocí, la historia me llegó de alguna manera que ya no recuerdo. No importa, no es el punto.

Un importante empresario, de una lejana ciudad (por la zona de Macondo), llevaba una vida bastante reconocida, legitimada, de esas que ponen de modelo en las publicidades. Digo, llevaba, porque luego de ésta anécdota no volví a saber del tipo. No importa, no es el punto. Todos los días religiosamente se levantaba al 1º canto del gallo, se duchaba, leía entre 3 y 4 diarios, y partía hacia la sede central de su importante cadena multinacional. Pasaba allí toda la mañana, supervisando que ninguno de sus roboticos empleados se saliera del libreto, y volvía a su casa durante el almuerzo por sólo una hora. Almorzaba exigiendo que todos los integrantes de la familia lo hagan con él, ya que pasaba “poco tiempo en casa, y eran las comidas los únicos momentos para compartir”. Claro, compartir en sus términos: sólo lo que el quería escuchar.

Así transcurría todo su día, todos los días. Vigilaba empleados, castigaba “errores”, defendía “verdades universales” en charlas con “amigos”, y sólo dormía y comía en casa. La rutina parecía no afectarle. El brillo de cada billete (que sólo él veía de esa manera), lo inspiraba a seguir incansablemente en busca de otros más brillosos. Con tal, quien podría discutirle sus verdades universales, si en ésta sociedad no gana el sincero, ni el sencillo. Gana el ostentoso, gana el legitimado, gana el que sigue mejor el caminito ya marcado. Podríamos decir, el “ambicioso de lo ya deseado antes”.

 

 

Sin embargo, esa noche no sería una noche más en su vida. Una de sus hijas, que hacía ya unos años se había independizado en busca de nuevos horizontes (distintos a los de él), se encontraba de visita compartiendo una cena, junto con su hijito, nieto del hombre en cuestión. El chico, de no más de 4 años, todavía no hablaba de manera fluida, no sabía de libros, ni de negocios, y por los billetes sólo preguntaba: “¿como se juega?”. Por otro lado, la relación abuelo-nieto no era la más deseada por el empresario. Más bien era simbólica, formal, de esas en las que la madre le dice al chico “saluda a tu abuelo, dale un beso”. Y el abuelo sonríe lo menos falsamente posible, haciéndose creer que el saludo fue natural, sincero. Claro, en el fondo sabía que no era así.

Cerca de la medianoche, el nene se encontraba viendo algún programa de TV en uno de los sillones. El hombre, con ganas de compartir un poco más con su nieto, se sentó cerca y se dispuso a ver el dibujito animado de momento. Mientras el programa transcurría, el chico, muy inmiscuido en él, interrumpió su transe y se dirigió al abuelo: “vo so malo”. Unos minutos de silencio pasaron, a lo que el hombre respondió sólo con una risa, a modo de “jaja que divino, que sabrá el pobre chico”

Pasó un rato y el empresario decidió ir a dormir. Fue al baño, volvió al sillón, y le dijo a Juan (el nene) “hasta mañana Juan”. Segundos en silencio… silencio… silencio. “hasta mañana Juan”, repitió, seguro de que ahora la respuesta llegaría de manera instantánea, pero el silencio nunca se detuvo. Rendido, tratando de creer que nada había pasado, decidió seguir su camino, y obviar el percance.

Aquella noche, fue la primera y última vez que algún integrante de la casa escuchó sollozos provenientes del dormitoriio de José, el empresario, y se prolongaron durante toda la noche. En ningún lado habían quedado ahora el celular de miles de pesos, el auto con asientos de cuero y 48 millones de caballos de fuerza, las vacaciones en Marte, y las verdades universales. Por primera vez, José sintió que no había respuestas inmediatas. Y claro, el largo plazo no era lo suyo, si no se trataba de dinero.

 

 

Estaba por cumplir los 50 años y claro, ya era tarde para cambios en su filosofía de vida. Desde aquel día, fue un poco más intolerante para su entorno. Y claro, eso era mucho teniendo en cuenta lo intolerable que era antes. Su sonrisa fue cada vez más falsa, Pero se prolongó cada vez durante más tiempo.

Las apariencias engañan, simios, y el secreto está en mirar un poco más hacia adentro de uno mismo, antes de profesar verdades inexistentes. La felicidad está en las pequeñas cosas. El resto, son todas mentiras.

 

 

               

 

 

               Saphichay

 


A URTUBEY Y EQUIPO, ¿DÓNDE ESTÁ LA CIUDAD DE LAS ARTES?

Olvidar, ese estado tan deseado cuando se trata de dejar atrás un desamor, esa oportunidad de borrar la pizarra para re-escribirla. Olvidar puede ser ese anhelo, pero también puede ser una condena, cuando se resigna al olvido a determinada cosa, lo cual es al menos minimizarla, in-visibilizarla. Así, olvidar puede ser un deseo o conveniencia cómoda a veces, pero también puede ser una actitud inconsciente, que no por eso es menos tirana.

Desde un punto de vista social el olvido fue a lo largo de la historia la compota de los dominadores, tanto por olvidarse de tales o cuales problemáticas, cuanto por servirse del olvido de los dominados, quienes una vez que dejan de recordar, dejan de unirse para reclamar y demandar lo que les corresponde por principio de igualdad entre todos los seres humanos. Parte de los dominadores son quienes invierten capital en las grandes productoras de contenido, las cuales, como decía en el artículo anterior, son una de las principales arterias que orientan la opinión pública.

Los dominadores que determinan el HABLA social, eligen las problemáticas que estarán en vigencia, para luego de un momento a otro postergarlas al olvido de los dominados, siempre a conveniencia del grupo de dominadores en general. Claro que eso además de desnudar los artilugios de la dominación social actual también permite ver la comodidad con que nos dejamos dominar, haciéndoles fácil nuestro olvido, RIFANDO NUESTRA MEMORIA COLECTIVA.

Para oponer algo de resistencia a ese olvido tendencioso al que estamos expuestos, y por el que poco y nada hacemos, en esta ocasión voy a retrotraer una problemática que el año pasado estuvo en boca de todos los salteños, que después de un tramo se calló con una promesa y que fue encajonada en el olvido sin siquiera intentar cumplir con lo pactado: construir la “ciudad de las artes”, en donde se optimicen y maximicen los espacios para la formación, capacitación y trabajo en prácticas de técnica artística.

Imagen gentileza de Saltalibre.net

Imagen gentileza de Saltalibre.net

Rememoremos: hacia los primeros meses de clases del año pasado alumnos, padres y hasta personal de trabajo docente y no docente del colegio Tomás Cabrera demostraros su saturación al respecto de las condiciones deplorables del edificio donde funciona el instituto de enseñanzas artísticas; salieron a manifestarse mediante convocatorias masivas y sentadas a las cuales se unieron, en carácter de apoyo y también de utilización/oportunismo político, organizaciones partidarias, centros de estudiantes universitarios, alumnos universitarios, otras instituciones de educación artística y sociedad en general. A grandes rasgos, luego de idas y venidas por más de tres meses, se prometió trasladar en dos meses más (eso fue el 23 de Junio de 2.011) a los alumnos del Tomás Cabrera a un edificio en calle Ituzaingó, entre San Martín y Mendoza; por otra parte la demanda general fue apaciguada con la promesa de que se empezaría a construir una “ciudad de las artes”, que funcionaría como el espacio físico publico competente al desarrollo de la formación artística técnica (incluiría además de al Tomás Cabrera, al Polivalente de arte y a la Escuela de Música).

Como podrán adivinar, ni una ni la otra, nada se cumplió. Pero claro hay excusas al respecto, por lo primero se terminó diciendo que el edificio de calle Ituzaingó necesitaba muchas reformas edilicias, dimes y diretes, y se disipó el traslado. Por lo segundo, hay que detenerse hay comentar que el lugar físico donde se construiría la “ciudad de las artes” (según lo dicho en Junio pasado, sí sí, JUNIO PASADO) sería la zona adyacente al Huaico, en el norte de la ciudad capital; se licitó la construcción después de dos meses y jamás se puso un ladrillo, sin embargo luego se explicaría que ello fue así porque terminó por modificarse el lugar donde se hará la ansiada ciudad, ahora en calle Siria al 1100. Entonces los tiempos fueron replanteados, y la promesa estirada, dilatada, olvidada.

Edificio de calle Siria donde ahora supuestamente se hará la Ciudad de las artes de Salta

Edificio de calle Siria donde ahora supuestamente se hará la Ciudad de las artes de Salta

Un nuevo año lectivo dio inicio hace unos días, y ni avances ni cercanías con las promesas que empujaron al olvido social de la problemática infraestructural y de inversiones escasas que sufre el sector de la formación artística. Cómo pretendemos tensionar nuestro conservador sentido común si olvidamos las reivindicaciones que necesitan los profesionales de la trampa a la lógica, nuestros artistas. Necesitamos difundir para recordar, e interactuar para construir, participar y unirse. QUE NO PUEDAN MANEJARNOS CON SIMPLES DECIRES, CON VACÍAS PROMESAS.

Por favor hagamos que el Gobierno de Salta trabaje como gestionador del Estado en post de buscar el bien común, que deje de hacer realidad la esperanza de los opresores. Nos hagamos sentir como Estado, ellos son sólo Gobierno, todos somos Estado. 

 

ZIPPO


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