Archivo mensual: febrero 2012

DESPERTAR, PORQUE VIVIR ES MUCHO MAS QUE CINCO SENTIDOS

Alusiva al rito cultural de "salir a bailar"

Alusiva al rito cultural de "salir a bailar"

Lunes en la ciudad, otra vez. Se charla de lo que sucedió en las canchas y en los boliches, esa aglutinación de simios que en su comprensión mas extensa es tratado como rasgo identitario que permite adquirir sentido de pertenencia a determinadas sub-culturas; el hecho que ese tipo de aglutinamientos sea entendido así es lo que genera que se simbolice un ritual alrededor de un hecho frívolo y de interés particular, acotado.

Desde mi perspectiva los rituales tienen que estructurarse para enriquecer el conocimiento compartido por un colectivo de seres. De todas formas, quien soy yo para andar enjuiciando rituales de característicos de los seres modernos, que a veces me son ajenos pero otras veces me son propios. Seria una contradicción, y me contradigo por meterme en cuestionamientos vanos.

Decía que los lunes se charla de lo que aconteció durante el fin de semana en los estadios deportivos y las reuniones nocturnas, lo cual se define como rituales de identificación popular, masiva. Es la oportunidad de ser reconocido que da la idiosincrasia del latino tipo, que se ramifica relacionando lo deportivo como el reconocimiento colectivo (todos atrás de una practica, o de un club, o de un equipo), y lo de “animal nocturno” como el reconocimiento individual (Pedrito el chamuyero, Juancito el galán, Julietita la rápida, Noelia la bailarina, etc.).

Vale detenerse a hacer una salvedad estructural de la idea que quiero desarrollar; cuando digo: “el lunes se HABLA…”, quiero decir que la opinión

Tren de Once

Tren de Once

publica discute sobre tales o cuales temas, de los que muy pocos pueden no querer, o son marginados, de enterarse. Se instalan en el habla cotidiano; lo que quiero decir con esto es que hoy, por ejemplo, nadie que este leyendo este articulo no estará enterado que hubo un tren en Once, Buenos Aires, que se estrello y causo perdidas simias a montones.

Esa instalación de temas en la opinión publica, se consigue por medio de la comunicación masiva, que es entonces una de las maneras de pujar por la construcción de identidad cultural. Que se HABLE en la discusión rutinaria sobre tales o cuales rituales es la tendencia a crear identidad que ejercen quienes participamos en el proceso de producción de los Medios Masivos de Comunicación. (También es importante el proceso de recepción, pero no es intención de este artículo analizarlo).

Claro que algunos participantes de ese proceso tienen más injerencia masiva que otros por tener más capital que medios pequeños, alternativos. Por eso, en este como en otros aspectos, la acción de disputa por la construcción de cultura de masas es desigual: hay voces extensamente impuestas, otras que asoman a los alaridos, otras susurran, otras voces sollozan, algunas existen pero no son escuchadas, y las mas relegadas son las que siquiera se tiene en cuenta su existencia.

Quiero demostrar con esto que en tanto y en cuanto cada uno no vaya buscándose agendas de tópicos de discusión con su entorno social que varíen de la que resulta “real” e “importante” (la agenda de opinión publica hegemónica), vamos a seguir aportando a la monofonía, en vez de a la polifonía (variedad de voces, discursos y temas). Seria seguir aportando a la imposición de los que llegan a instalarse en el imaginario colectivo por sus inagotables re-inversiones, sin que sus contenidos sean revisados y opuestos por comparación con otras versiones de lo “real”.

En palabras concretas, lo que digo es que hay un sistema masificador, homogeneizador y uniformador que se esmera en hacernos creer que hay una realidad objetiva única y univoca, cuando solo se trata de una manera de reproducirla discursivamente, la de la cultura hegemónica. Por tanto, si no buscamos tenazmente tratar de ampliar nuestra visión pluri-cultural del mundo, seremos cooptados por la visión globalizadora que intenta hacer de la paleta de colores un solo color. Para que lo entienda un capitalista (digo por su limitada visión del Comunismo), es el comunismo de la percepción del mundo, jejeje…es querer hacernos creer que cuanto mas masiva sea una practica, es mas verdadera, mas legitima.

Asi nos prefiere el sistema, pero debemos ser fuerte y buscar despertar !

Asi nos prefiere el sistema, pero debemos ser fuerte y buscar despertar !

Para distanciarnos de esta postura lo que propongo es un despertar para que la libertad para percibir el mundo y de allí crear habla’s culturales que sean manifestación de identificaciones populares, no este atada entre otras cosas, al habla cultural de los medio de comunicación hegemónicos. Por eso hay que despertar, crear temas propios de discusión con nuestros entornos cercanos, abrirnos a conocer, aprender, aprehender, crecer y vivir de una manera mas remota, alternativa y menos ortodoxa.

Además de lo que percibimos por nuestros cinco sentidos de manera directa (primeridad en términos del estadounidense C. Pierce), podemos decodificar el mundo por medio de nuestra vibración, nuestro saber espiritual. Es que activando el saber espiritual, al igual que con las nuevas tecnologías de la información, también puede uno burlarse del tiempo y el espacio.

Retomo esta idea de “despertar conciencia” (ampliando la definición de P. Freire), para aplicarla no solo a una cuestión socio-económica, sino también individual-espiritual, lo cual también hace a nuestra forma de receptar lo que nos rodea. La manera que tengamos de percibir el mundo debe necesariamente ser más plural, ya que de ello se desprende nuestra actitud para cuestionar y reaccionar ante las imposiciones del habla cultural dominante. Repito la sugerencia que para ese despertar todos aboquemos mas tiempo a desarrollar nuestro saber espiritual, que como marcaba en el párrafo anterior, esta dado por nuestra forma mas próxima de percibir el mundo, la de nosotros mismos.

En fin, convoco a un despertar, porque vivir (y percibir el mundo construyendo realidad) es más que solo cinco sentidos…

 

ZIPPO

Anuncios

TODO POR ESE PEDAZO

Todo por ese pedazo. Cuanta gente que llora, y cuanta gente que mama, por ese pedazo. Es la vida, somos nosotros. Es todos los días. Siempre, todo, por ese pedazo.

Desde que nacemos, desde chiquitos, todo es por ese pedazo. Por ese pedazo de nada, por ese pedazo de todo, que lo único que hace es mentir. Siempre, de acá para allá, ese pedazo va llevado todas y cada una de las palabras y halagos que propios y extraños le confirieron. Y se la cree, y lo dice. Lo muestra, lo exhibe. Se vende. Lo compran. Pero al final de cuentas… eso es todo. Así, tan chiquito. Todo termina en un billete. Otra mierda inventada por algún don nadie. Como ese pedazo.

Tan chiquito pero… significa tanto. Significa todo. Recién lo decía: Por ese pedazo, por ese tan insignificante pedazo, nos movemos. Eso buscamos. Cuanto absurdo. Es la vida, somos nosotros.

Eso nos venden, monada. Eso compramos, compramos objetivos. Rifamos prioridades, y sufrimos absurdos. Vivimos, de vez en cuando. Y ese es el punto. Seguir comprando, y ver que onda, o sentir por un momento la propia intuición, y caminar hacia lo desconocido. Si al final de cuentas, ¿no es eso lo que buscamos?, ¿no es eso lo que rifamos?. Es lo mismo pero con caretas. Caretas que van mas allá de la propia cara, se despegan un rato, y van más allá de lo real, del sentir. Llevan mensajes ajenos, que fueron nuestros por un rato, pero volvieron a ser ajenos. Y así de falso es todo. Vendemos prioridades para luchar por lo absurdo, lo tangible, lo superficial. Es el miedo, devenido en caretas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El sentimiento… queda para otro día. Siempre, queda para otro día. Así es como funciona este mundo. Así es como el sistema oprime con caretas, mata con mentiras, y gana millones. Viendo quien la tiene más grande. Y sin dudas, es el que menos siente.

En realidad, creo, no importa cuanto trabajes, no importan cuanto compres. Importa cuanto vivas. Cuanto, realmente, valga la vena. El sistema se encarga de venderte lo que le conviene, lo que te oprime. Está en vos conformarte con comprar lo que te venden, o buscar un poco más adentro, un poco más allá de esta mierda.

Es lo que hoy puedo decir de lo que me toca. Y ojo, esto no lo dice un licenciado en vidas exactas, ni un magistrado en billetes. Lo dice un don nadie, con la careta de un don quién, que, simplemente, busca todos los días de su vida sacarle una sonrisa al don quién que se anime a escucharlo. Allá ellos.

 

 

SAPHICHAY


“SE ME CHISPOTIÓ”

Roberto Gómez Bolaños

Roberto Gómez Bolaños

Escritor, comediante, compositor de música y letras, actor, director, etc. etc. es Roberto Gómez Bolaños, que hoy celebra 83 años de vida. Miles de generaciones en todo el mundo, principalmente en América Latina, reímos a través de las andanzas que este hombre encarnaba en el mítico  personaje que llamo “El Chavo del 8”.

Personaje aquel, con el cual hemos llegado a llorar de risa y de dolor también, ¿por qué no?… Si cabe recordar que cuando se iba de la vecindad era uno de los momentos más tristes de la serie, ponía al vilo las emociones de todos los espectadores que nos sentíamos desangelados sin la presencia escénica del habitante del barril. Para nuestra tranquilidad siempre regresó con el rabo entre las piernas y el hocico partido.

Nos enseñó que las trivialidades “realistas” no son tan necesarias en nuestras vidas, y que se puede vivir feliz con muy poco, con muchos valores y  corazón.

Con la admirable capacidad de encarnar varios personajes (El Chapulín Colorado, El doctor Chapatín, Chómpiras, etc.) Chespirito acompañó momentos bastantes significativos en la cotidianidad de muchas personas. Volviéndonos, por trechos, niños, y haciéndonos sentir que la inocencia y la tranquilidad con que “El Chavo” vivía era nada más que las ganas de pasar siempre una buena vivencia, manteniendo ese espíritu que jamás debemos perder, la de la inocencia hermosa y pura que tienen hoy los niños.

 Nunca debemos dejar de reír, sintiéndonos felices de hacerlo y contagiar a otro esa sensación. Tampoco preguntemos porque reímos, si lo hacemos ese momento deja de ser pleno para convertirse en una preocupación. Solo riamos como nos enseña El Chavo. Somos buenos alumnos en la materia de reír, también en la de valorar, y por supuesto en la de contemplar la belleza de la humildad.

El Chavo nos muestra además como no hace falta más que compartir para ser entendido y aceptado, tal cual sucede en la vecindad ochentosa. “Ron Damón” es su don Ramón, aunque esté dicho patas para arriba, y su hogar es una mansión aunque no tenga muebles ni cocina.

CHIWOLLA Y ZIPPO


CARTA A UNA PRIMA LEJANA

PRIMA QUERIDA !

PRIMA LEJANA

QUERIDA PRIMA: 

Es cómico porque algunos dicen que aman los caballos, porque los crían como parte de un patrimonio simbólico de su vida social, o para desfilar en fechas patrias o para jugar al polo en el club. Comprándolo todo, sin poder dejar de consumir, cual plaga de pac-mans. Consumir es negativo y prescindible; revisando su concepto descubro que se trata de aquello que “necesitamos” por fuera de nuestras “necesidades básicas”, es decir, de lo que nos apropiamos pero que no tiene nada que ver con nuestra vida natural; lo que hacemos cuando satisfacemos necesidades básicas, no es consumir sino abastecernos. Claro, y mira vos si no es importante el lenguaje como representación de la convención que significa vivir en sociedades (por ende entre seres racionales-sociales, por ende comunicados, manifiesta en su máximo esplendor en la lengua como convención social) que lo que tocaría revisar en este caso sería un nuevo concepto: el de “necesidades básicas”.

Podríamos estar horas así, navegando entre argumentos y contra argumentos del pensar. Es para reírse porque los seres humanos entienden al pensamiento como una propiedad constante siendo que bien puede ser comprendido como una herramienta que el ser humano tendría que poder dominar a su antojo, en los momentos que quiera. Pero, ¿adivina qué? . . .. .  Aquí se presenta otra disputa semántico-filosófica, si si: habría que revisar varios conceptos y de allí en más dialectizarlos, ellos sería el de “querer” y los de “bueno” y “malo”. Entonces algunos creen que pensar no se elige, y más aún, otros tantos que superan la idea de que no se puede “no pensar”, se diferencian por sus apreciaciones individuales de muuuuuuuuuchos conceptos. Esto así por la relatividad con que la cultura atraviesa a los diferentes seres humanos. Esto se explica bien con la oposición que hace el lingüista Ferdinand de Saussure entre el habla y la lengua. La lengua es la convención social legitimada, y si bien el habla está condicionado por eso, es en realidad la apropiación y aplicación que cada sujeto hace de la lengua, la manera en que eso se manifiesta en expresiones populares.

En fin toda esta porquería rebuscada pertenece al hipnotizador mundo de la razón. Ese mundo subyuga al ser humano a representarse a sí mismo sólo como persona. Persona viene del latín y significaba máscara utilizada para el teatro, la puesta en escena. Por eso aquello de que la identidad social no sea la esencia de los seres humanos, es sólo su “personalidad”, que se construye por la racionalización del mundo socio-cultural que nos rodea. Lo divertido es que algunas de esas personas, aspirantes a seres humanas, se burlan de otras también personas porque suponen que no piensan; eso es falso, pensar en estupideces no es no pensar, en primer lugar, y en segundo que el problema no es no pensar, el problema es justamente hacer al pensamiento la vedette de la aventura humana. Ser Humano es más que ser una simple persona.

Apegarse a la percepción del mundo es abrir tentáculos de los más diversos, escenarios sensoriales que nos permitan receptar nuestra realidad de muchas maneras, y por medio de muchos métodos internos. Con esto afirmo la idea de que el pensamiento  no es una propiedad permanente del ser humano, sino una herramienta que la cultura racionalista disfraza. La disfraza y la vacía de contenido, ponen las preocupaciones en frivolidades, banalidades. Es en este punto donde aparece el consumismo extremo como enfermedad que los mantiene a todos pensando en consumir. Hacen que nos olvidemos de construir, de desarrollarnos, de conocer, de ser-humanos. Esa cultura racionalista no da lugar al sentir, directamente lo vende; todos brillan cuanto más colores plásticos tengan puestos. El ostento se hace un arte de los aristócratas, compiten para ver quien lo hace con más elegancia, simpatía y humor “civilizatorio” (discriminatorio).

Por eso te agradezco, porque entre tanto decirte que vengo pensando mucho en vos, me olvidé de resaltar lo magnífico que ha sido poder sentirte a la distancia. Es ensayar la forma de dejar de ser persona para empezar a ser-humano.

Pero lo más jocoso de todo, es que para hacértelo saber lo tuve que racionalizar!!! jejejeje, acomodarlo con la convención social de la escritura, que a diferencia del habla, requiere de más precisión técnica. Perdón, no puedo evitar algunos rasgos culturales, mi personalidad me I-D-E-N-T-I-F-Í-C-A.

Prima tenemos que desarrollarnos como seres humanos íntegros.

 

 

ZIPPO


UN DÍA EN OTRA VIDA FANTASEANDO HASTA LA AGONÍA

Truena una mañana con una multiplicidad de sonidos que asombra, es inevitable darse cuenta que la tierra ha dejado atrás a la luna una vez más, tal cual lo hace con la frecuencia que nosotros conocemos y convencionalizamos como “diaria”, cada 24 horas reloj, o, técnicamente, el tiempo que le demanda a nuestro planeta dar una vuelta completa, de 360 grados, sobre su propio eje. La tierra gira y gira como la bailarina de una caja musical, o “a diario” según lo que nosotros denominamos “días”.

 Como decía, llega el amanecer de la mano de un rugir de sonidos que no son demasiado sincrónicos con los sueños del dormir; los grillos han dejado de cantar para darle paso a los pájaros, que con sus agudos nos obligan a abrir los ojos. Allí estamos una vez más, enfrascados en la aventura de vivir, por lo que tomamos posición sobre el colchón, sentándonos con las piernas cruzadas, premeditando la acción de abrir la ventana. Hace mucho tiempo hemos dejado de escupirnos del lecho apurados por estar “llegando tarde” a algún lugar, por eso aprovechamos el tiempo en vivir intensamente la experiencia de vivir, internalizando y racionalizando a la vez nuestras acciones prácticas, es decir, oyendo nuestro instinto espiritual articulado con nuestra facultad de pensar.

Ya desapegados del colchón, atizamos el fuego, como invocando a que aquel elemento, el más coqueto de los de la Pachamama, se haga presente entre nosotros. La intención es calentar agua, para que el ir y venir de unos mates ayuden a que el decantar del día se dinamice, unidos por medio de ese lazo imaginario, de sogas enredadas, que se genera por la circulación mate: quién lo toma, y quién lo distribuye, quién lo prepara, y quién le renueva sus componentes. Hay dinámicas distintas de grupos para el fluir del mate, algunos eligen a un cebador por termo, otros dicen que “el que toma le ceba al de al lado”, en redadas de relatos quien aplica la oralidad primaria tiene el derecho de distribuir del mate. Ni hablar de que algunos si quiera le ponen lógica, solo lo comparten, pero siempre tejiendo lazos por ese simple hecho de estar compartiendo.

Terminado el momento de yuxtaposición entre nuestras acciones de convivencia, según la cual mientras yo me bañaba, mi buen amigo dedicaba tiempo a leer, y viceversa mientras él se acicalaba yo me compenetraba en la lectura, independizamos por unos momentos nuestras presencias físicas. El muchacho se perdió por el camino, tal vez para mirar el cielo como referencia lumínica del campo abierto o tal vez para buscar leña para el almuerzo, por mi parte alterno mates en soledad, dinamizando la comunicación yo-yo, con algunos acordes de guitarra. Estoy inventando nuevas posiciones de los dedos en los trates, para limitarme a acompañar a los pájaros y bichos cantores, al menos hasta que pueda acoplarme mejor con construcciones rítmicas propicias.

El almuerzo sabe hacer sus entradas triunfales justo a tiempo, no aparece de no ser necesario. Al momento de tener hambre se deben poner manos a la obra, lo cual obliga a que si no hay verdaderas ganas de comer, no se malgasten energías. No se trata de caminar hasta la heladera y sacar algún envasado. Digestión mediante diagramamos, discutimos y se tomamos nota, de algunos puntos álgidos en nuestro trabajo a futuro dentro de la comunidad. Nos cuesta entendernos porque  intentamos poder hablar todo el tiempo en un idioma nuevo, devenido en “dialecto” (es decir sin el status de idioma) por la cualidad de poder aprenderlo, debiendo aprehenderlo antes necesariamente. Es decir, un idioma que primero debe ser internalizado para luego ser racionalizado, ya que se lo puede naturalizar sólo mediante comunicación interpersonal. Siquiera se deben pensar las palabras en silabas, como lo hacemos nosotros.

Nuestros caminos vuelven a bifurcarse pasada la siesta hogareña, prefiero reservarme el aburrido describir personal de lo grandioso que fue estar toda esa tarde reposando los pies en el arroyo con un libro, una lapicera y un cuaderno. Supongo que lo magnifico de eso, es que haya podido estar sentado en uno de los brazos de la Pachamama, que me cargó con ese “no sé qué” que hace que aquí se esté más tranquilo y con sensación de libertad plena. Si llevar un libro, una guitarra, una pelota, o hacer lo que sea es importante para estar ahí, creo que no, en ese contexto de todas formas sería una vivencia superlativa.

 Invocado otra vez a galardonarnos con su presencia altanera, el fuego nos honra prestando luz y calor al atardecer-anochecer, ese crepúsculo entre mundos que pone en tono naranja al cielo. Acompañado de algunas mínimas construcciones infraestructurales que logramos en las últimas semanas, cocinamos varias tandas de panes caseros, algunos para venderlos, otros para acompañar la mateada entre amigos. Cada tanto tenemos que vender para comprar (maldita sea, estamos obligados a comprar en tanto y en cuanto la cultura hegemónica siga siendo la que predomine en la cognición global).

Las ranas toman la posta del concierto al caer las primeras horas de la noche, no se distraen de ninguna forma en otro menester que no sea emitir su sonido, con lo cual se instala como una constante vibración auditiva que viaja por el aire. Dan anuncio sobre la próxima luna nueva que recibiremos dentro de algunas rotaciones más del planeta. Despedimos la última hoguera de la noche dejando que el humo de hojas secas se lleve lo que queda de energía de la jornada que acaba de pasar.

Otra vez acostados, con la somnolencia obvia después de horas de conciencia corpórea. Estamos dispuestos a vivir por un rato en el mundo de los sueños inconscientes, ese al que buscamos habitar todas las madrugadas. A veces viene Peter Pan para facilitarnos el trámite, pues existen las amistades preponderantes en el mundo de los sueños también.

Por esta vez voy a tener que develar algo trágico, que desmitificará la imagen conocida socialmente del buen Peter: con su traje verde y gorrito en forma cónica. Era verdadera pero hace tiempo que no se parece a eso. En un encontronazo de las historias de fantasía, Robin Hood se la arrebató, porque lo vio con actitud de trabajador de la nobleza, por lo que no creyó injusto el hurto; claro que fue por una causa bien individual, mejorar su propio trajecito, que no llevaba calzas que cubran sus piernas. Ahora, Peter Pan lleva pantuflas peludas, construidas con pelo de caballo, cubre su tren inferior con una bolsa plástica que dice “aprenda a reciclar” en la parte de los glúteos, el torso al descubierto y una cresta con ola de un gallo en la cabeza.

Tal vez esta noche venga y nos lleve otra vez a soñar en el más allá, hasta mañana monada . . . .

ZIPPO


AMÉRICA, TIERRA DE GUERREROS DORMIDOS

El texto que se expone a continuación viene inspirado por el ensayo crítico “Estertor y ansias” de Mariano “Mamo” Guerrero. El mismo puede encontrarse en facebook, o de ser solicitado y previa autorización de su autor, será publicado próximamente en este blog. 

Revisar nuestras prácticas sociales. Así oraba un monito en un texto que llegó a mí hace unas horas. Decía revisar nuestra acción en el medio colectivo como una forma de ser más acordes con nuestra realidad latinoamericana, para dejar de ser la plebe del mundo occidental y empezar a ser genuinos pueblos libres. Como bien sabemos la libertad burguesa que se nos concedió a principios de 1800, en lo que nosotros conocemos como los procesos independentistas, responde a una necesidad global del furioso capitalismo industrial y sus grandes mercaderes, que necesitaban clientes y mano de obra fluctuante; eso es para nosotros nuestra independencia, lo que podríamos traducir en realidad como independencia política para poder ser los mejores alumnos del supermercado occidental.

La forma en que la Pachamama abraza latinoamerica

La forma en que la Pachamama abraza latinoamerica

Claro, la expropiación de la riqueza de nuestra tierra ya estaba hecha, los capitales extranjeros ya tenían a sus cabecillas oligarcas dentro de todo el territorio americano, por lo que debían prescindir de tener “colonias” para empezar a tener “clientes”, que sean más efectivos que sólo consumidores, ya que además eran los productores y proveedores de materia prima. Latinoamérica produce y trabaja la caña de azúcar, pero no come caramelos sin antes tener que comprarlos.

La patria latinoamerica cosida de a pedazos, los pedazos que dejó la colonización

La patria latinoamerica cosida de a pedazos, los pedazos que dejó la colonización

Es así como nos transformamos, con un orgullo al menos cuestionable, en argentinos. El estado-nación en nuestras latitudes da la posibilidad a los ya constituidos estados del mundo colonizador de organizar el mercado internacional con la dependencia y desigualdad, que pareciese eterna e irrevocable, como también marcaba aquel mono que antes citaba.

Retrotraía dos conceptos fundamentales para ahondar en la reflexión del genocidio efectuado sobre la cultura Latinoamérica. Si, digo genocidio. Por eso la aclaración de que lo que conseguimos allá por 1800 fue independencia política, y libertad para depender de capitales globales. La libertad plena, que se manifestaría más que en cualquier otro factor en la cultura, aun es una deuda, y más aún es el reflejo de esa matanza a nuestros pueblos originarios. Por eso ese proceso de revisión de nuestras prácticas sociales resulta insoslayable, imprescindible para cuestionarnos que tan funcionales estamos siendo a nuestra libertad concisa o que tan cegados estamos por el brillo plástico del mundo occidental, globalizado.

No extraña que la mayor parte de los que estamos insertos en esta “vieja cultura frita” (cita del Indio Solari) veamos como salvajes e incivilizados a aquellos que han conocido otra manera de receptar el mundo, a los que desde atrás desarrollan y resisten por medio de otra cultura. Esto así porque nos enseñaron que quienes no saben lo que nosotros sabemos, no saben. Nótese que la arrogancia con la que las misiones colonizadoras pasaron por alto el valor cultural de las etnias americanas sigue vigente, arraigado en nuestro propio imaginario.

Renunciar a toda una lógica de costumbres que se nos han enseñado como lo natural parece ser un salto que algunos no pretenden dar jamás. Peor todavía, algunos siquiera llegan a cuestionarse la naturalidad de ese sistema de costumbres que en realidad es la cultura hegemónica, pero no la vida misma. También apunta este vacío de análisis estructural que está ausente en la mayoría de los occidentales el trabajo de aquel mono, del que se desprenden estas líneas.

De esta forma los “pobres” y “retrasados” indígenas son tan “cerrados” que no quieren ni recibir la ayuda, en carácter de civilizatoria, que algunos occidentales quieren hacerles. Por eso son considerados hostiles, reacios a “evolucionar”. El “que” de la cuestión pasa porque nosotros nunca pensamos en que para ellos la evolución pasa por otro tipo de desarrollo, que nada tiene que ver con la vida urbana, o con la supuesta mejor calidad de vida que imprimen los avances tecnológicos. No queremos ver que la expresión no se limita a hablar rápido y llenar los vacíos, tal vez ellos comuniquen con sus silencios.

Volviendo al punto de receptarlos o visualizarlos como apáticos o distantes podríamos decir que es cierto, no es fácil entablar diálogo con ellos. Pero nos detengamos en este aspecto destacando que eso es más que lógico, una respuesta natural. Todo empezó allá por el siglo XV, cuando las tropas europeas, en nombre del iluminismo civilizatorio, mataron a los que se resistían a responder a otra cultura diferente a la que aprendieron de sus ancestros; continuó con la posterior propuesta evangelizadora, también en carácter de civilizatoria, que los jesuitas impusieron a fuerza de mostrar la sangre correr, como si el Dios bíblico en vez de enseñar con parábolas hubiese enseñado matando. En nombre de Jesús crucificado, se reavivaron sus estigmas en los indígenas, que por no portar tanta maldad, son tratados como retrasados, infrahumanos, dominables. Pero no terminó ahí todo lo que hizo de estos seres humanos un conglomerado cerrado, pasada la santidad de los Jesuitas, se vino la constitución del Estado Nacional, oportunidad en que los mestizos (hijos y nietos de los primeros colonos), los atacaron en nombre de la “Patria Argentina”, por la que nosotros, ignorantemente, nos golpeamos el pecho.

Niño perteneciente a comunidad originaria de Bolivia, reposado sobre el mantel que le tiende la madre naturaleza

Niño perteneciente a comunidad originaria de Bolivia, reposado sobre el mantel que le tiende la madre naturaleza

Ahora, contextualizados, es más que entendible y natural la reacción de lejanía que muestran éstos resabios de nuestras culturas americanas. No podemos acercarnos a ellos en carácter de “civilizadores”, una vez más; tenemos la oportunidad de tomar sus manos para que nos enseñen aquello que nuestras generaciones argentinas y de la madre patria española, no quisieron escuchar, ni aprender.

Tal vez luego de eso creamos que no necesitamos tanto como creemos. Quizá allí sea el punto de inflexión en que la eterna desigualdad de la dignidad humana se desdibuje en el plano de una verdadera aceptación e interacción cultural. INTERACCIÓN he dicho, no proceso civilizatorio como siempre queremos creer. Esto es lo que podría devolvernos la identidad, hacernos dueños de nuestro continente, rico en historia y sagrado en rituales. Tenemos que regar las pocas siembras que de ello han dejado las inclemencias climáticas que se disfrazaron con sotanas, para que las generaciones venideras dejen de ser argentinos, hijos de la máquina globalizadora y comiencen a ser hermanos latinoamericanos.

El camino es largo, intenso y pedregoso. Tal cual son los caminos de nuestra PACHAMAMA; la primera instancia es revisar nuestras prácticas sociales, no sea cosa que nos estemos creyendo algo que no somos.

ZIPPO


“LA PARCA SIEMPRE VIENE DETRÁS”…IGUAL QUE EL PUEBLO

La muerte está a sólo una vida de distancia de cada uno de nosotros, que desgraciadamente no hemos multiplicado vidas, ni recogido bonos de videojuego que nos dejen dar otra pasada a la aventura de vivir. Estamos todos igualados ante el poder de la muerte, no importan razas, no importan saberes, no importan patrimonios de ningún tipo de valor, ni importan buenos y malos. Al perder la vida, se está muerto.

Salvo los personajes de cuentos míticos o aquellos que con acciones se han convertido más que en vidas en representaciones o íconos sociales que exceden a la humanidad de quien las porta, todo el resto estamos sujetos a morir, pues no somos inmortales. La manera en que morimos tendrá mucho que ver con la vida que llevamos, eso en la mejor de las intromisiones que la justicia divina podría hacer, pero en otras situaciones no tendrá nada que ver con que hayamos hecho hasta el momento de toparnos con la guadaña de la parca.

De esta forma podemos decir que la relevancia de la muerte es más para quienes quedan vivos que para los propios muertos; velorio, funeral, coronas de flores, visitas al cementerio, placas de reconocimiento, condolencias de gente inesperada, son algunas de las actitudes que demuestran que las consecuencias de la muerte se manifiestan más en los vivos que en los des-corporizados. Es decir, la muerte tiene valor social, porque de cada una de ellas se desprenden además de una serie de sentires, una serie de expresiones, manifestaciones y acciones que dan cuenta del deceso, y que se supone que dan dignidad al abandono de la vida.

Símbolo de los rituales que los vivos hacemos a los muertos

Símbolo de los rituales que los vivos hacemos a los muertos

Repasando, todos somos iguales ante la magnitud de la muerte ya que es un suceso inevitable, que desprende una serie de acciones sociales para que la partida hacia quién sabe dónde del desalmado sea lo más afectuosa, solemne, respetuosa y digna posible. Es evidente que la balanza de la igualdad se desequilibra en este aspecto, ya que no todos los muertos tienen la suerte de ser tratados con la misma gracia por parte de los vivos.

Aquellas acciones sociales luego de las muertes pueden ser criticadas desde un punto de vista cultural, ya que funcionan más que como una sentida despedida de un ser querido como la forma elegante en que se convoca al entorno periférico del fallecido a dar sus condolencias, vestirse de negro, y dar pésames al “tun tun”, como si de saludar o bromear se tratara. Pero no es intención de este artículo recaer en el análisis de dichas prácticas culturales que se derivan de los fallecimientos; lo importante en este caso es observar como la igualdad que todos tenemos ante la muerte es mancillada con la desigualdad de las practicas post-mortem que reciben los muertos. No es la misma reacción ni tratamiento que recibe la muerte de un minero, relegado al anonimato absoluto, o la de un infante que se deja vencer por la desnutrición a orillas de un poblado campesino, que la muerte de alguna modelo rimbombante, una figura de status social o un oligarca alcanzado por alguna enfermedad terminal.

Todos esos ritos sociales que los vivos les rinden a los muertos, desigualan la dignidad con la que los fallecidos abandonan el mundo terrenal. Usted señor lector me dirá: “cada quien está en su debido derecho de hacer lo que quiera ante la muerte de un ser querido, y si tiene para gastar pues que gaste, no le hace ningún mal a nadie”. Ese argumento puede ser rebatido con algunas premisas sobre el sentido de lo colectivo y el trato que debiésemos dar por valor o principio a la muerte, pero tampoco es intención de este artículo adentrarse en esa discusión.

Caricatura del Intendente Miguel Ángel Isa, gentileza de Periovista   

Caricatura del Intendente Miguel Ángel Isa, gentileza de Periovista

El punto central que desata la idea de estas líneas es una situación vivenciada, observada, hace algunos días. Caminaba por la platabanda de una de las avenidas principales de mi ciudad, Salta. En eso mi atención se reposa sobre una pequeña estatua con una corona de flores, intrigado no pude evitar acercarme a leer la placa que acompañaba la construcción escultural y la insignia de la corona colorida. El monolito era en honor a Daniel Isa, difunto hermano del Intendente de la ciudad, Miguel Ángel Isa.

Dejó su vida en los últimos meses del año pasado; la placa recordaba su nombre y tiempo cronológico vivido, mientras que la corona decía “pueblo de Salta”. Muy a mi pesar tengo que decir que me repugnó la situación, ello sin querer profanar la memoria del mencionado difunto, claro está.

¿Por qué sentí repulsión? De ninguna manera cuestiono aquí el ritual de los vivos para con el muerto, siquiera voy a tomarme palabras para criticar la inversión en un monolito que seguramente viene financiado con los fondos del Estado, al igual que la corona que se envió al lugar. En este caso mi recelo con lo observado no va a estar apuntado a lo financiero, aunque bien podría estarlo desde el punto de decir por qué el Estado (que somos todos) no tiene las mismas inversiones con cada uno de los muertos que se registran a diario.

Me voy a detener en el aspecto lingüístico de la acción, “pueblo de Salta”. Es cierto que un Intendente está acreditado para representarnos, ya que como consecuencia de nuestra organización democrática ha sido quien se alzó con la mayoría de los votos por tercer mandato consecutivo. Pero considero que esta vez su ego representativo fue más lejos de lo que le corresponde, ya que la representación a la que accede ganando elecciones es política, no sentimental. Es decir no tiene por qué dar mención del “pueblo de Salta” en un asunto que es meramente personal, sumado a que muchos de nosotros (sin miedo a equivocarme diría que la mayoría) no hemos sentido, ni sufrido la pérdida. Repito que expreso esto con el mayor de mis respetos hacia quienes si la han sentido y sufrido, y más aún al alma del fallecido.

Nos hagamos escuchar más allá de nuestros votos

Nos hagamos escuchar más allá de nuestros votos

La soberbia representativa de esta gestión queda claramente reflejada con la atribución que se toman, claro que firmar como “pueblo de Salta”, por un sentimiento familiar y personal, debe estar previniendo que el gasto por aquella corona no lo hace ni la familia ni Miguel Isa, lo hacemos todos. He aquí el problema, a mí no me consultaron, sin embargo si alguien que lea esta expresión de ofuscamiento ante la avanzada del Jefe comunal ha sido consultado sobre tal cosa, está abierto su derecho a réplica en los comentarios subyacentes al epílogo de mi denuncia.

Como cierre quisiera agregar que me parece que este tipo de avasallamientos y abusos del uso del aparato estamental no sólo se debe a la prepotencia de políticos actuales, como Isa, sino a la poca fuerza con que nosotros hacemos sentir nuestra ciudadanía y nuestro rol como actores del Estado. Nos estamos limitando a sentirnos ciudadanos sólo por votar. 

 

 

 

 

 

ZIPPO


A %d blogueros les gusta esto: